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Cuando el Tour de Francia se te queda corto... Tourmalet

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El Tour de Francia es una bola de fuego gigantesca que engulle todo a su paso. Cuando estás dentro todo es una vorágine. Cuando te puedes escapar todo es tranquilidad. La pasión de la velocidad y el stress del Tour engancha, emociona, pero también agota. Las carreteras vacías y los puertos libres del post Tour son una válvula de escape y si llevan el apellido del Tourmalet un manjar imposible de apartar de la mesa.

Fotos Tour Francia 2016 > 
Album El Tour 2016 en Flickr >

Por eso los viajeros Ciclored esperamos al Tour en Andorra, lo disfrutamos por dentro, recorrimos sus carreteras, nos metimos de lleno en la carrera, en el trabajo de los equipos, en la bola del Tour, y cuando partió de Purito’s Land nos marchamos a disfrutar de los Pirineos. Planning ideal para ciclistas con ganas de estar cerca de los profesionales… y de sufrir en sus propias piernas las rampas. Por eso Bernardo, Román, Jon, Marisa, Jesús, Daniel, Juancho, Juan,  Jaime, Marga, Roberto y el que escribe pasamos de animar en Arcalís y pedir autógrafos en la salida de Escaldes a estirar el cuello en la Gallina, retornar al invierno en La Bonaigua y coronar entre la niebla el Tourmalet.

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Y PARA EMPEZAR… EL TOUR 

Esperando al Tour en Purito’s Land. No se nos ocurrió mejor trabajo para el sábado 9 de julio que adentrarnos en el recorrido de La Purito (y la etapa reina de La Vuelta 2015) para esperar con ‘tranquilidad’ al Tour de Francia. Teníamos un día de ‘relax’ en Andorra antes de que la Grande Bouclé lo ocupase todo. Así que rampas y desniveles para disfrutar de la bici y sufrir sobre ella. Es más, el menú que habíamos preparado sobrepasaba con creces la dureza prevista para el día siguiente por la etapa del Tour.

Desayuno versión buffet libre con dosis extra de hidratos, 10 kilómetros de descenso y a La Gallina. Así. En frío. Para abrir boca. Versión rampas de La Vuelta 2015, es decir, por Fontaneda. Rampas iniciales de esas que te hacen pensar que no siempre puede ser el puerto así… y, es cierto, después del descansillo es aún peor. Cinco kilómetros infernales en mitad del bosque y con la temperatura subiendo grado a grado. Tiempo para medir las fuerzas de Juancho y Román, que ya se desatan como un buenos escaladores (no en vano la sangre colombiana corre por sus venas). La capacidad de aguante de Jesús y Marisa, siempre con 100 metros de distancia el uno del otro. La adaptación de Jon a los desniveles después de las planicies de Dubai. La facilidad para el llaneo de Bernardo, que aprovecha cada 2% para ganar terreno. El debut de Juan en tierras andorranas después de recorrer Alpes y Pirineos españoles y el sufrimiento de Dani para retar a los procentajes asesinos de La Gallina.

Primera cima, primer avituallamiento y primer descenso vertiginoso hacia La Rabassa. Otro puerto de la Purito’s Land. Inicio demoledor… y más de 10 kilómetros para disfrutar al 6%. Ataques, cambios de ritmo, alguna pequeña trampa y esta vez es Marisa quien se viste de ‘líder’. Bajada el hotel, ducha, comida… y a ver como la televisión nos cuenta la etapa del Tourmalet y Peyresourde con Froome bajando a lo Sagan. Hay que tomar referencias porque dentro de unos días íbamos a ir por allí

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El domingo tocaba honrar al Tour y qué mejor manera que sufrir en los dos últimos puertos previstos para la etapa. Así que calas dentro de los pedales y a subir Beixalis solo unas horas antes que el pelotón de los Froome, Valverde, Quintana, Aru y compañía. Rampas imposibles que nos valen para perfilar la etapa. Aquí se puede atacar, aquí no… Y en una de las rampas que miran al cielo la furgo de la amiga Ane Bizimartxak. Imposible un Tour sin ella. Cima con sprint. Descenso por un millón de curvas hasta Ordino y rumbo al larguísimo Arcalis.

Cada kilómetro cambia la fisonomía. De la carretera vacía a los carteles, los colores, las roulottes, los compañeros cicloturistas, los aficionados, las banderas, las motos, la caravana publicitaria, los logos Tour en cada cartel. Una hora de ciclismo en el escenario previo de la batalla. Desniveles asequibles para disfrutar, para ver cómo la montaña se adueña del paisaje, para vislumbrar de hasta cuatro kilómetros de herraduras hasta el banderín rojo.

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Culminanos en el podio. Foto. En la línea de meta. Foto. En la pancarta con pepas rojas del Gran Premio de la Montaña. Foto. En el cartel del último kilómetro. Foto. En el mural del Tour en Arcalís. Foto. Así es el Tour. Los ciclistas nos queremos llevar cada momento y cada detalle en formato digital.

Bicis al furgón, avituallamiento y a disfrutar de la espera del Tour a cuatro kilómetros de meta. Lo mejor, ver aparecer amigos en bicicleta. La grupetta de Valencia, los Puritos, los Valverde y en un momento la caravana publicitaria. Desde una botella de agua Vittel, a una bolsa de chorizo Chochonou y gominolas Haribo. Camisetas, gorras. El Tour.

Del calor del Tour. Ese que derrite la brea del asfalto. Al diluvio de los Pirineos. Justo cuando Dumoulin aparece escapado por el túnel. Agua a cántaros. Un rato bajo techado y en cuando el ciclista pasa cerca a animar y gritar. Rui Costa, Pinot… Otros tres minutos al resguardo antes de los favoritos. Esta vez granizo además de agua. Froome, Mollema, Yates, Quintana, Valverde, Purito. Gritos para todos. Agua para todos.  Así es el ciclismo y el Tour. Al aire libre. El aficionado a un centímetro del ídolo. Si él pasa calor, tú también. Si él se moja… tú también. Interacción ciclista.

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El lunes el Tour descansaba en Andorra, pero a nosotros las piernas nos pedían más tralla. Había salido el sol después de la tormenta de Arcalís así que tocaba seguir recorriendo el país de Purito entre equipos Tour entrenando a nuestro lado. Para empezar La Comella previo paso por la zona de concentración del Team Sky. Dureza contenida. Primera cima y rumbo a Engolasters, donde no llega ni Tour, ni Vuelta, ni La Purito, pero donde el instinto ciclista de bellos paisajes obliga a ir.

Descenso, túnel fantasma, adiós Chavanel, Voeckler , Bardet y hola Ordino. Diez kilómetros para disfrutar. Subida ligera con tiempo para saludar al Lotto Jumbo de Kelderman a mitad de la ascensión y al Etixx de los Martin, Alaphilippe, Kittel y demás en la cima. Descenso para esquivar la tormenta (si, una más) y rumbo al Hotel. Toca recuperar y pasear por la concentración del Giant de Dumoulin, Geschke y Barguil. Disfrutar con las Scott del Orica, las Lapierre de la FDJ, las Canyon del Katusha. Charlar con los mecánicos de Astana sobre las Specialized. ‘Robar’ una foto a Valverde como hizo Jon o charlar con Óscar Sevilla, de visita en el Tour.

El martes había que hacer las maletas camino del Cantó, pero antes el Tour nos rendía visita. A 100 metros del hotel la línea de salida de la décima etapa. Todos los ídolos a un paso. Colores, camiones de equipo, autobuses y bicicletas. La expo ciclista itinerante más grande del mundo (y más cara). Es difícil elegir que montura mirar. Los ojos se marchan tras la bicicletas de 22 equipos antes de que aparezcan los ídolos. Purito y Zakarin con foto. Y Quintana, Froome, Sagan, Valverde, Cancellara, las rarezas de Voeckler. A un centímetro de ellos. S´lo falta Contador. Todos por delante de nuestros ojos. Alguno incluso con firma de regalo en el maillot.

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Pistoletazo del salida para el Tour hacia Revel... y para nosotros hacia el resto de los Pirineos. Caminos distintos. Sentido contrario para las rutas del Tour. Tocaba deshacer la novena etapa. Arcalís, Beixalis y La Comella en la mochila, así que rumbo al Cantó. Y con premio. Ruta suave pero un huracán empeñado en sumar dureza. Y como es en línea recta… pues a remar todo el día. Eolo como enemigo. El calor como enemigo. Las rampas iniciales del Cantó como enemigo. Sólo algún falso llano, la sombra del bosque y el avituallamiento de Roberto y Marga como aliados.  Algo es algo antes de aterrizar en Sort. La cena en versión pantagruélica se agradece. Calorías de todos los colores para combatir el cansancio.

POST TOUR. 5 CIMAS DE LOS PIRINEOS

El miércoles, para empezar… viento de cara. Sí. Los elementos seguían empeñados en pelear contra nosotros. Huracán en el falso llano hacia La Bonaigua. Subida y la temperatura comienza a bajar por cada kilómetro ascendido. Paso a paso. Desaparece la montaña. Ganan terreno las nubes. El viento no para. Curvas con frío, curvas con menos frío, alguna recta al resguardo. El cuerpo echando horas extras. Adaptación a las condiciones. Ciclismo puro. De los 35 grados del martes a los 2,5 que marcan en la cima de La Bonaigua. Retorno al invierno. A la ropa de abrigo. A los botines, los guantes, la camiseta térmica.

Descenso rápido hasta Viella. Llaneo hasta Bossots y retorno al verano. El viento se esconde en la subida al Portillón. La montaña nos oculta a Eolo. La frontera con Francia regala en cada curva un homenaje a los ganadores españoles del Tour. Contador, Sastre, Pereiro, Indurain, Perico, Ocaña y Bahamontes. Visiones para mitigar las rampas contenidas del Portillón, las últimas que Juan se perderá por su rodilla, las que sufre Dani para coronar a ritmo constante, las que sirven para que Juancho acabe sprintando en la cima.

Retorno a Francia. Luchon y hotel en la misma línea de meta de la etapa 8 del Tour. Detalles ciclistas. Una ciudad vacía tras la bola de fuego del Tour. Cuartel general antes de la etapa reina. La ruta histórica. La última de nuestro Tour. Y como menú el mismo que diseñó Desgrange después del mensaje de Steines allá por 1910. Ruta praticable para el Tour. Sí, pues también para el viaje Ciclored. Peyresourde, Aspin y Tourmalet. Trilogía ciclista pirenaica por antonomasia.

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Desayuno francés con croissant 5 estrellas. Salida de parado. Peyresourde. Todos en la carretera. Ritmo suave. Hay que adecuar las piernas al cansancio. Los puertos y los kilómetros pesan y por delante queda terreno. Las rampas hasta Garin son solo el entrante. Cima y descenso hacia Arreau. Francia en fiestas. 14 de julio. Aspin nos saluda con más cicloturistas afrontando el destino. El hermano pequeño del Tourmalet, siempre a su vera. Contenido, sin grandes rampas. Ideal para aumentar el ritmo en los últimos kilómetros y medir las fuerzas de Jesús en el sprint. Para contener la respiración antes del rey.

Cruce mítico. Fuente mítica. Adiós al calor. En St Marie Campan arrancamos la visita al Tourmalet. Los manguitos no sobran. Nubes y fresco no que impiden disfrutar de una ascensión mítica. Desde Gripp se acaban los descansos. Del 7,5 al 10% y vuelta a lo mismo. Homenaje a Christophe, el que rompió su horquilla en el Tour de 1913. Homenaje a la galerías más famosas del ciclismo mundial que abren las puertas a La Mongie con dolor es las piernas. Después de la estación el calvario. El Tourmalet se empeña en castigar los músculos. El 8% es casi un descansillo. Niebla para solo intuir la cima.

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Nubes que se aclaran justo en los últimos 100 metros. Allí donde se ve el paraíso. Donde los cicloturistas se pelean por un hueco junto al cartel y el ciclista de acero para fotografiar su momento. Donde Juan levanta la pierna a lo Musseuw en Roubaix. Donde Jesús y Marisa repiten visita en solo una semana. Donde Bernardo suma otra cima histórica tras Galibier y Alpe d´Huez. Donde Juancho y Román visten con la bandera colombiana la meta y Dani derrocha litros de sudor, pese al frío, para hacer cumbre. Queda inmortalizar el instante. Bajar a toda velocidad en busca de una tele para disfrutar del Ventoux. Homenajear al cuerpo con el menú estrella michelín de Les Cimes y su piscina cubierta. Estirar las piernas, relajar músculos y soñar con las batallas que nos planteará la edición 2017 del Tour de Francia. 

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