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La Marmotte (donde se crean los sueños ciclistas)

El ciclismo siempre fue una religión pagana. Con dioses, mitos y lugares de culto, pero con ritos distintos. Cada uno los interpreta a su manera y sitúa sus sueños en diferentes horizontes. Sólo hay un lugar que pueda unir todas las iglesias del mundo y se llama Alpe D´Huez. Las 21 curvas del mito llegaron tarde al ciclismo, a mediados de los 50, y hasta los años 70 no se hizo popular, pero desde entonces no hay ciclista o cicloturista que se precie que no haya tenido la tentación de peregrinar a la cuna del ciclismo. Se puede hacer a tu aire (de nuevo los múltiples ritos) o incluyéndolo en un tríptico alpino de ensueño como La Marmotte 2012. Ese sueño movió a los integrantes de ciclored.com a unir voluntades y esfuerzos y emprender el camino hacia la meca del ciclismo. Este sólo ha sido el primero y el año que viene esperamos a muchos más amigos de ciclored.com

Lo mejor después de un largo camino en autocaravana y con Glandón, Galibier y Alpe d´Huez como único tema de conversación es que al llegar a Bourg d’Oisans descubres que hay muchos como tú. El viernes previo a la marcha todo el pueblo estaba tomado por ciclistas. No había tienda que no tuviera un recuerdo de la Marmotte. Emprender el camino de las 21 curvas hacia la recogida de dorsales dejaba a las claras que no era un día cualquiera. Toda la ascensión plagada de bicicletas. Ciclistas de casi todos los países de Europa en busca de un trozo de plástico con el que acreditar su salida para el día siguiente. Y en la cima el ambiente festivo de una etapa del Tour y todo por más de 8.000 aficionados a esto de dar pedales que nada se juegan en esto, salvo su capacidad de esfuerzo.

Y llega el sábado, el día D y a la hora H. Más de siete meses acumulando esfuerzos y cansancio para llegar a ese momento con el cuerpo en perfecto estado de engrase. El punto ideal para poder engullir con garantías 175 kilómetros y 5.000 metros de desnivel y encima tratar de hacer el mejor tiempo posible. Orgullo cicloturista. Una jornada idéntica a la que ha decidido muchos Tours de Francia. La oportunidad de compartir, aunque sea en otro tiempo, las carreteras por las que circularon los mitos.

Nada más comenzar y con sólo 13 kilómetros de calentamiento arranca el Col du Glandon. Una cota casi inédita para los profanos por culpa de su hermana mayor Croix de Fer, con la que comparte el 95% de ascensión y de la que sólo le separan dos kilómetros finales. El Glandon asusta de inicio con dos kilómetros al 10%, pero pronto tiene el primer descanso para liberar tensiones, mirar a las piernas y ver si van a responder. Es un puerto de 23 kilómetros. Ideal para subirlo a ritmo, soltar en las dos pequeñas bajaditas y recoger sensaciones en las rampas del 13% que se salpican por toda la ascensión. Lo peor al llegar a la cima es saber todo lo que queda después.

Un descenso técnico al principio y tendido después nos dejó en el falso llano que lleva a S. Jean de Murienne. Allí arranca el mito Telegraphe – Galibier, que ya tiene más de 100 años de historia y donde uno de los precursores del ciclismo español, Vicente Trueba, se ganó el mito de ‘La Pulga de Torrelavega’. Y todo porque uno de los organizadores vio sus poco más de metro y medio saltar como una pulga en esta ascensión por culpa de una rueda trasera rota y descentrada. Para nosotros. Con máquinas de última generación y buen asfalto el reto seguía siendo coronar.

Telegraphe, con 13 kilómetros, ya es un puerto con enjundia que deja las piernas tocadas a poco que se quiera forzar. La pequeña bajada hasta Valloire nos sirvió para recuperarnos mentalmente y superar los 18 kilómetros del Galibier. Sobre todo los ocho últimos desde Plan Lanchat, donde la carretera pasa de los 2.000 metros de altitud y mira al cielo despreciando las leyes de la física.

Al alcanzar el mito del Galibier el cuerpo sólo pide refugiarse el algún lugar escondido para disfrutar del paisaje alpino. Largas praderas verdes de alta montaña, profundos barrancos y la inmensidad de los Alpes hacia Italia, a sólo dos ascensiones (Izoard y Agnello) de distancia. Pero la cita con la épica manda y el sueño de Alpe d´Huez está cerca.

Todavía quedaban 50 kilómetros de largo descenso por las curvas del Galibier y las largas rectas de Lautaret para dejarnos al pie de Alpe D´Huez. Los 14,4 kilómetros y 21 curvas donde se ha fraguado todo el ciclismo moderno. Además nos toco subirlo con calor. En un día luminoso de esos que obligan a ver los colores reales de la montaña. Como también es obligado alzar la vista y leer quién escribió su nombre en cada curva. Desde Coppi hasta Pantani. De Armstrong a Carlos Sastre o Gianni Bugno. Mitos que han compartido gotas de sudor en las mismas rampas que los 8.000 cicloturistas que afrontamos la Marmotte 2012.

El sueño se termina fraguando entre La Garde y Huez, cuando se ve la cima a sólo cuatro kilómetros. Quizás sólo al cruzar la línea de meta despiertas y descubres lo que has hecho. Culminas los esfuerzos, miras alrededor y ves a otros tantos como tú, con cara de haber dejado por el camino todas sus energías, pero felices por el deber cumplido. Su recompensa nunca será económica. Mejor, así nadie se la podrá robar jamás.

 

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