Tour Francia y Etap Tour 2015… a unos minutillos de Nibali

¿Cuantas veces te han preguntado si era capaz de hacer una Etapa del Tour? ¿Cuantas veces has pensado en medir tus fuerzas con los más grandes del pelotón? ¿Cuanto tiempo te sacarían? ¿Cuanto sufrirías? ¿Serías capaz de hacerlo? Comidilla habitual de grupetta de los domingos o de tus colegas, de esos que solo ven el Tour, cuando se enteran de que te gusta esto de dar pedales más rápido que los demás. Pues ese era el objetivo del viaje al Tour 2015… emular a los más grandes del pelotón y hacer un día la misma etapa que ellos….

Fotos Etap du Tour y Tour 2015 >
Recorrido Etap du Tour en Strava >

Por eso el sábado 18 de julio ya estábamos en Saint Michel de Maurienne los 16 valientes que íbamos a afrontar el reto. Se llamaba Etapa del Tour y consistía, en versión cicloturista y con tráfico cerrado, hacerse los 140 kilómetros y 4.200 metros de desnivel de la Etapa 19 del Tour de Francia, la misma que acabaría ganando Vincenzo Nibali en La Toussuire previo paso por Chaussy, Croix de Fer y Col du Mollard.

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Eso sí… antes de nada había que rendir homenajes. El viernes al Telegraphe (estando a la puerta de casa era obligatorio subirlo) y el sábado una rutita para estirar piernas camino de los Lacets de Montvernier. El reclamo turístico de todo el valle. 20 curvas de herradura en sólo cuatro kilómetros. Espectáculo para la vista y para el ciclista, aunque sin la dureza de un puerto mítico del lugar.

Lo mejor era mirar alrededor y verte rodeado de los cicloturistas que habían aceptado el reto. Algunos como Gonzalo y Rafael  habían venido desde Ceuta. En el camino se les unieron Serafín, Juan y el mítico Pedro Lanseros, con ruta desde Algeciras. La división asturiana la formaban los dos Jesús, la riojana Javier y Enrique, la extremeña el Flequi y Judith, la malagueña Juan y Marga e incluso un fichaje internacional, ya que desde Bolivia se nos unió Bernardo… Equipazo.

Etap du Tour… y regalo de Galibier y Granon

Domingo. 06:00 horas. Toque de diana. Desayuno a tope (croissant incluido, que estamos en La France) y todos a la furgo para hacer los 10 kilómetros que nos separan de ST Jean de Maurienne. Es poco, si, … pero hay que guardar todas los gramos de fuerzas para la Etapa del Tour.

En la salida toda la parafernalia del Tour. Arco, música, un speaker animando y más de 15.000 ciclistas de casi todos los países del mundo esperando su turno. Aquí la salida es por cajones, por lo que no hay prisa. Desde los primeros al último pasarán casi dos horas… pero nadie quiere perder su sitio en el cajón, así que la zona de desayuno del Tour (café y napolitanas de chocolate en cantidades industriales) está vacía… primer avituallamiento antes de salir. Bien.

La Etapa del Tour tiraba hacia arriba nada más comenzar. Dos kilómetros planos… y a afrontar el Col de Chaussy. Las napolitanas de chocolate piden paso cuando se empina la carretera y llegan los primeros sudores. Menos mal que hemos salido en el último grupo y el nivel no es elevado. Eso sí, en cuanto el puerto comienza a tener nivel, justo después del cruce de Montvernier, casi todos los que nos hacían sombra se van para atrás.

En la subida es fácil reconocer a los españoles. Son los únicos que van hablando. Saludos, voces de ánimo y a deleitar la vista con los dos últimos kilómetros y el paso por el desfiladero. Coronamos y para abajo. Carretera estrecha, muchos ciclistas… y parón. Era normal. 30 minutos detenidos por una caída y la posterior evacuación. Lo primero es la saluda y no tenemos prisa… pero Nibali va a sacar tiempo de esto.

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Chaussy empalma con La Madeleine, así que los últimos 10 kilómetros de descenso son por una de las carreteras míticas del Tour. Avituallamiento en La Chambre y 35 kilómetros planos (con algún repechito) para seguir de cháchara antes del Col du Glandon/Croix de Fer.

En St Ettiene de Cuines toca cargar las borrachas (término italiano para bidón) de agua. Por delante está el Glandon con sus 21 kilómetros y un final exigente. Casi todos lo conocemos del descenso de La Marmotte… y fácil no parece. Calor extremo en la base y a sufrir. Porque a los amigos de la Etap du Tour se les había ocurrido poner un segmento de Strava en el Glandon.. Y ya saben. Cuando un cicloturista ve un posible KOM de Strava sólo sabe acelerar.

El Glandon se mantiene el término razonables los primeros 10 kilómetros, pero desde Saint Colomban se convierte en una bestia. Se unen el cansancio, el calor, la carretera bacheada o las rampas que rara vez bajan del 8%. Los Alpes en estado salvaje y sin un Richie Porte para tirar de nosotros. En esa misma carretera días después Nibali soltó a Froome cuando al inglés se le pegó un trozo de brea en la rueda. Para nosotros era imposible, ya había pasado tanta gente por allí que la brea se había marchado.

En la cima de Glandon el avituallamiento es una bendición. Hay que recargar para los 2,5 kilómetros que quedan hasta Croix de Fer y el descenso rápido, botoso y peligroso (Nibali casi se cayó dos veces) hasta el Col du Mollard. Como definición… es algo así como la Hoz de Jaca con dos puntos menos de desnivel pero multiplicada por 7 kilómetros. Es decir.. un auténtico fastidio para las piernas antes de afrontar La Toussuire.

A la última subida (19 kilómetros desde St Jean de Maurienne) el cuerpo llegaba pidiendo agua (33 grados a la sombra) y que las rampas no superaran el 10%. Los primeros kilómetros compartidos con la Croix de Fer ayudan a coger ritmo. Cruce y a la derecha en dirección a todas las estaciones de esquí de la zona.

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Ritmo constante y a ocho de meta es obligatorio volver a parar a por agua. Un descansillo paradisíaco y a volver a pedalear. Pasamos Le Corbier y la carretera se empina al 10%. Lugar ideal para atacar… como hizo Quintana. Eso se pone en la mente, porque las piernas dicen que toca regular hasta los 500 metros finales de La Toussuire. Un regalo. Planito. Casi en bajada. Sprint globlero para entrar en meta a 190 pulsaciones y a la espera de que te recoja una azafata para darte dos besos en el podio

Toca comer, beber (hasta vino blanco y tinto en la pasta party) y dar rienda suelta a los chascarrillos y anécdotas de la etapa. Las inevitables comparaciones con La Marmotte (si al final hubiéramos tenido que subir Alpe d´Huez…) y la duda ¿cuanto nos sacarán los del Tour dentro de una semana? La respuesta la tuvimos. Nibali la hizo en 4 horas 22 minutos y nosotros, pues disfrutamos de la bici y del entorno durante unos minutillos más.

El lunes ya se había unido a la grupetta Albert Jové, y con el subidón de la Etap du Tour, tocaba seguir rindiendo culto a los puertos alpinos. GALIBIER. Mayúsculo, rey, eterno. Aunque antes había que escalar el príncipe Telegraphe. Territorio conocido. Primeros sudores post Etap, descansillo en Valloire y a disfrutar del puerto más duro de los Alpes.

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En la cima retamos a Javier y Enrique, que al día siguiente tienen que volver a España, a seguir un poquito más. Descenso hasta Lautaret… y retorno por la otra cara de Galibier. Ocho kilómetros más de felicidad. Al resto nos quedaba un largo descenso hasta Briançon y un regalo en forma de Col du Granon. Semidesconocido, separado de la civilización, rural, salvaje y con solo una carretera de subida. Allí llegó el Tour en 1986 y no volvió. Nosotros hicimos cumbre, admiramos el paisaje y de vuelta a Briançon para recargar energías a base de pizza italiana. Quedaba casi una semana de puertos.

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Izoard, Glandon, Madeleine… y cita con Quintana y Valverde

Con Galibier en las piernas el martes tocaba rendir pleitesía al mito de Izoard. Eso sí, había que calentar piernas antes. Allí estaba Montegenevre, el puerto en el que Rijs comenzó a reventar el Tour del 96 y que marca la frontera con Italia. No había dudas. Subida ligera, larga y a pisar suelo italiano por unos instantes antes de volver a la ruta original.

Izoard desde Briançon permite regular y tomar descansillos. Pero sólo si las piernas van bien. Bernando y Juan empezaban a acusar los esfuerzos de los días anteriores y decidieron tomárselo con tranquilidad. Albert, sin la Etap du Tour en las piernas, se dio el gustazo de subir a ritmo. En la cima no estaba el trabajo hecho. Había que descender unos kilómetros para admirar La Casse Deserte. El paisaje lunar en el que Andy Schleck atacó para conseguir su única victoria ‘decente’ en el Tour. 

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Foto de kilates y descenso hasta que la lluvia nos dejó. Había que hacer etapa de transición hasta Alpe d´Huez… pero antes debíamos pasar por Embrum y visitar a Nairo Quintana y Alejandro Valverde. Les pillamos en plena rueda de prensa… así que conocimos sus planes para lo que quedaba de Tour. Fuera, Chente nos explicó parte de la táctica que iban a emplear.. y pasados los días acertó casi en todo.

En Alpe d´Huez nos esperaban Manu y Agnes, los dueños del Auberge du Savel, uno de esos hoteles familiares en los que te hacen sentir como en casa… y con una cena de escándalo para afrontar lo que quedaba de Tour.

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El míercoles el planning nos llevaba por Glandon y La Madeleine Ya se había unido al grupo Julián Andrés Rincón. Colombiano, de Manizales, y el vivo reflejo de Nairo Quintana sobre la bicicleta. Grupetta de órdago para escalar Glandon por la cara de Allemont. Paso por el lago y de repente una grupo de ciclistas hablando en voz alta. Españoles, sí, de Azuqueca. Coronamos con ellos Glandon y rumbo a la foto de Croix de Fer.

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Toca bajar por Glandon entre los millones de caravanas que esperan el Tour. Nosotros nos hemos regalado La Madeleine, que no se sube en esta edición pero con historia suficiente para ser uno de los lugares míticos. Abajo 36 grados.. y a sufrir. Constante, casi siempre por encima del 8% y solo dos leves descansillos. Así 19 kilómetros para cambiar el clima. En la cumbre tormenta y frío. Al refugio, a la furgo y a ver la etapa en televisión.

Las Tres Caras de Alpe d´Huez, El Tour, La Toussuire

Era jueves y el viaje iba de reyes y príncipes y ninguno más conocido que Alpe d´Huez y sus tres vertientes. ¿Tres? Si. Pero si sólo suben la de las 21 curvas… ya, pero hay otras dos más. Las caras B. La primera, de salida. Col de La Sarenne. Abrupto, descarnado, con rampas del 12%, aquel en el que Contador atacó en el descenso a Froome en 2013. Cuesta, pero ofreces unas vistas distintas de los Alpes.

Corto descenso hasta la cumbre de Alpe d´Huez. Foto en la cima… y a Bourg d’Osians. 21 curvas para abajo entre la multitud que ya puebla las cunetas tres días antes de que llegue el Tour. Esta vez nos toca hacer nuestra propia cronoescalada por la cara mítica de Alpe d´Huez. Recta, cartel y a tope para arriba.

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Parece casi una etapa. Se pueden coger grupettas, unirse a otros cicloturistas que están haciendo lo mismo que nosotros, soltarte, tirar, atacar, sufrir, probar las rampas en las que atacó Quintana, dejar que los holandeses te llenen el bidón de cerveza y coronar en el mismo lugar que dos días después llegará Pinot. También hacerse la foto justo al lado del cartel…. y descender a Allemont para ver el Tour.

Primer contacto. Caravana repleta de regalos, ambiente Tour. Magdalenas ST Michel, salchichón Choconou, agua Vittel, gorras de Festina, sombrero verde de Skoda, gorra de pepas rojas de Carrefour... en 10 minutos ya somos un anuncio andante y quedan por pasar Purito escapado y todo el pelotón con los Sky tirando. Eso sí, el gran protagonista es nuestro colombiano Andrés. Bandera en ristre no para de hacerse fotos con todos los aficionados que le requieren (ser paisano de Quintana vende mucho en este Tour).

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Y al acabar la etapa… pues a subir Alpe d´Huez por la otra cara, la de Villard de Reculas. Casi 15 kilómetros, Paso de la Confesion, balcón a Bourg d Osians y empalme en Huez con lo que queda de subida… y algún que otro holandés empeñado en seguir llenando los bidones con líquido amarillo de sabor a cebada.

Embebidos en el espíritu del Tour. El viernes tocaba ver la salida en St Jean de Maurienne. Todas las bicicletas puestas en fila, los autobuses, el color, el ambiente, la caravana… El espectáculo de horas antes del esfuerzo (ese día les tocaba imitarnos en el mismo recorrido que la Etap du Tour). El momento de estar cerca de los ídolos. De verlos pasar a unos centímetros, de fotografiarse con ellos, de admirar la delgadez de Froome, los gemelos de Greipel, la cara de concentración de Contador, la simpatía de Valverde y Maté, el buen rollo de todos los colombianos firmando la bandera de nuestro amigo Andrés.

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Pero el asunto no iba a quedar ahí. Había que pedalear y lo hicimos por la cara B de La Toussuire, por Jarrier. Los primeros kilómetros sorprenden. Dureza extrema. El 10% manda. Es día de ‘semidescanso’ así que toca disfrutar. Ya llevábamos 16.000 metros de desnivel acumulados… y las piernas pedían rodar suave, hablar con los paisanos y coronar La Toussuire para ver el final de etapa.

A 100 metros de la línea de llegada nos da tiempo a ver en la pantalla gigante cómo Nibali casi se cae en la Croix de Fer (ojo que había dicho que era peligroso), cómo Quintana atacaba a Froome antes de Le Corbier (justo en la rampa dura que habíamos sufrido) y la cara de cansancio extremo del inglés justo al entrar en meta. También  la tormenta que descargó justo al finalizar la etapa… típico de Alpes.

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Quedaba sólo una jornada. Alpe d´Huez. Había que disfrutar del ambiente en sus dos versiones. Primero, subiendo en bicicleta entre cientos de aficionados vitoreando tu paso como si fueras un ciclista del Tour… después, bicicletas a la furgoneta y a ver el Tour en la curva de los holandeses, justo donde el ciclismo se convierte en una religión.

El móvil y la cámara de fotos echan humo. Ambiente excepcional. Fotos en el botellón holandés, en la fiesta colombiana, con los ‘friquis’ que acuden disfrazados, con los aficionados de medio mundo que hicieron una cruz en el calendario el día que el Tour dijo que volvería a Alpe d´Huez. Somos parte de esa fiesta.

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La tele nos canta el pinchazo de Nibali y el ataque de Quintana y Valverde al inicio de Alpe d´Huez. El sufrimiento de Contador y la mala cara que está empezando a poner Froome. Nos despegamos cuando la noticia pasa por delante de nuestras narices. Pinot acaba de soltar de Hesjedal. Anacona tapa de Quintana, diminuto a su lado. Poels y Porte marcan el camino de Froome y Valverde. Contador se ha unido a Nibali… y por detrás el resto de sufridores.

Asalta la duda. Seguir por televisión lo que queda de etapa… o ver pasar uno a uno a todos los ciclistas del Tour. Como tenemos dos ojos… pues uno para cada lado. ¿Existe mayor sensación de placer ciclista?

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Un minuto nos separa de la fiesta colombiana… pero no de nuestra ronda al lado de los idolos. Quintana nos saluda desde el coche acompañado de la familia. Albert se fotografía con Froome cuando acaba de firmar maillots amarillos. Ellos irán a París, nosotros a España… pero dentro de un año volveremos a encontrarnos. 

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