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¿Quién fue Ludo Peeters? Ciclismo flamenco vintage

Ludo Peeters estuvo en el Mundial de Flandes. Bueno, él, y miles de paisanos suyos que ven el ciclismo como una pasión y una forma de vida. Allí todavía discuten si Boonen se equivocó en el sprint de Roubaix frente a Hayman en 2016 o si el Tour de Flandes del 77 tuvo que ser para Roger de Vlaeminck, Freddy Maertens  o Eddy Merckx. Ese es el nivel, saben. Por lo que allí no extrañaría un libro sobre Ludo Peeters en flamenco. Aquí, en nuestra España, pues bastante más.

Para los que nacimos en los ochenta en el recuerdo de Ludo Peeters es casi inexistente. Hay que echar un vistazo a las páginas de estadísticas para comprobar que era un ciclista de esos que tenía un puntito extra para ganar, pero al que la mayoría de las veces le tocaba trabajar para un compañero.

En la tele salía el Real Madrid, la selección de Butragueño, muchos toros y de vez en cuando el Tour y La Vuelta con Perico. Para buscar a Peeters como protagonista hay que irse un poco antes, a principios de los 80, cuando aquí teníamos a Rupérez, Alberto Fernández, Lejarreta y Arroyo. De esa época viene la razón por la que José Miguel Gala, autor de Ludo Peeters, el eterno capitán, decidió escribir 30 años después un libro sobre el ciclista flamenco.

Los ciclistas eran perfectos para jugar a las chapas. Circuito complicado, cada chaval mimetizado con un corredor, tuneo aprovechando las botellas de Coca-Cola, Mirinda y demás y tiempo para estar en la calle con los amigos. Mucho mejor para recrear las batallas que el fútbol (para eso estaba el futbolín, claro). Así que te currabas una chapa con el nombre de un ciclista e ibas con él a muerte. No valía pedirse a Eddy Merckx, que ganaba siempre.

LAS CHAPAS, EL TOUR, LAS CLÁSICAS…

Para José Miguel el inicio fue ese. Su chapa era la de Ludo Peeters. No Hinault ni Fignon, los triunfadores del Tour de entonces. Ni Moser, ni Sean Kelly, ni siquiera Jan Raas que eran los clasicómanos. Peeters era de esos ciclistas que están ahí. Que pelean, se dejan ver, trabajan, tienen un puntito de velocidad… pero casi nunca ganan (como la mayoría de los ciclistas).

Aún así en el palmarés de Peeters hay tres etapas en el Tour de Francia, un octavo puesto en la general, una combinada y dos veces con el maillot amarillo. En las clásicas dos Paris Tours, de cuando era una carrera importante, dos Scheldeprijs y dos Paris Bruselas. Le faltó dar un saltito de calidad en los Monumentos. Pequeño, eh, que acabó segundo en el Tour de Flandes del 83 y también segundo en el Giro de Lombardia del 84. Cercano a la gloria.

Jose Miguel profundiza en los inicios de Ludo como ciclista. En Flandes cuando eres joven y ganas cosas con la bici ya te ponen el titulo de sucesor de otro e incluso de hacen una canción. Y repasa toda su carrera año a año, deteniéndose en las polémicas internas de los equipos en los que militó. Aquel mítico Ti Raleigh… de Zoetemelk, Jan Raas, Knetemann, Freuler y Van der Velde daría para un libro por si solo.

Para hacer el libro contactó con el propio Ludo Peeters, que incluso tiene una casa en España,  y está autoeditado. Es decir, disponible solo a través de pedidos por correo electrónico. Son 80 páginas de ciclismo de finales de los 70 y principios de los ochenta con regusto vintage, sobre todo si eres amante del ciclismo clásico. Aprenderás cosas. Eso seguro.

No se vende en librerias, sino que lo puedes comprar directamente al autor por 9,5 euros (gasto de envío incluidos) través de su correo electrónico libroludo@gmx.es

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