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Piritour 2020. El Tourmalet nunca falla

Durante los meses de confinamiento, cada vez que echaba de menos un puerto, salía el Tourmalet. Dos décadas desde la primera vez y en los últimos años el Piritour como ‘excusa’ para retornar a esa cima que es el Tour. Con ella, la veintena de ciclistas que asistimos al Piritour habíamos soñado alguna vez en pasarla durante un Tour de Francia. Solo uno lo consiguió, se llama Joseba Beloki y ejerció de anfitrión en la que para más de la mitad fue su primera visita al Rey de los Pirineos.

En este 2020 no podíamos dejar de subir al Tourmalet. Después de cambiar las fechas originales del Piritour, de junio a agosto, se había convertido en una prioridad para nosotros. Había que intentar todo lo posible por disfrutar de los Pirineos junto a una veintena de ciclistas y en un fin de semana, que, curiosamente, había sido el elegido por La Vuelta para llegar a la cima del Tourmalet. No hace falta que os explique como han cambiado las cosas en estos meses. Una ‘vela’ a Macron, muchas horas de trabajo con Joseba Beloki y la confianza del Hotel Le Montaigú, nuestra sede a pie de Tourmalet hicieron posible que todo viera la luz y que el 20 de agosto pudiéramos estar en Luz Saint Sauver  (vale, el juego de palabras no era el más currado).

Por eso en vez de las tres etapas programadas… salieron cuatro. Llegas un jueves de agosto a mediodía a los Pirineos, con sol y buena temperatura y lo que más apetece es una siestecita para recuperar el viaje y rodar un poco por la tarde con la excusa de estirar piernas. La realidad es que nos gusta tanto la bici que es imposible resistirnos, así que, aprovechando que medio pelotón ya estaba en el Hotel Le Montaigú nos fuimos a conocer la cara b de Luz Ardiden. Bueno, primero repechito para subir a Chezé y luego ascensión por Viscos hasta la cima del Col de Gaborisse (adonde llegó al Route de Occitane en 2017) y descenso vía Luz Ardiden al hotel para sumar los primeros 30 kilómetros y 900 metros de desnivel.

TOURMALET… DOBLE

Cena y desayuno en Le Montaigú. Era el momento de ponernos cara todos los ciclistas de este Piritour. De Granada y Extremadura a Alicante, Mallorca, Barcelona, Madrid, País Vasco, La Rioja, Aragón, Castilla La Mancha… incluso un francés, Jean Louis, que nos había conocido a través de la revista Ciclismo a Fondo y que pese a vivir cerca no había subido alguno de los puertos del programa.

Si a las 09.00 de la mañana hace sol y hay 20 grados en Luz, quiere decir que el día va a ser de Tour de Francia. De esos en los que las fotos salen con un color especial. En Baregés ya sobraban los manguitos y el chaleco. Divididos en dos grupos por niveles, pronto nos dimos cuenta que no habíamos sido los únicos en retar al Tourmalet este fin de semana. Había ambiente pre Tour, con ciclistas por todos los lados. Franceses y españoles la mayoría, y con ganas de conversar. El ritmo se prestaba a ello. Sin prisas, conteniendo los músculos porque dos Tourmalets seguidos pasan factura.

Primera cima y descenso hasta Campan para el avituallamiento, justo la lado del río, que para esos llevábamos los vehículos cedidos por Skoda Belabia Motor) con provisiones. Barritas, geles e isotónico de Etixx, pero también bocatas de jamón, plátanos, algunos bollos de chocolate…. al cuerpo había que darle suministro porque el segundo Tourmalet se hace pesado y más si es por la vertiente de La Mongie. Para el que escribe, la más dura de las dos, para Joseba, al contrario. Además de los 32 grados que hacía el Gripp, había que sumar el 8,5% del desnivel mínimo que tiene los últimos 12 kilómetros de Tourmalet por esa vertiente. No iba a ser gratis, claro. Es el Tourmalet. Y la foto con cara de felicidad en la cima tiene relación con el sufrimiento que has tenido que pasar antes para llegar allí. Un ciclista eso lo entiende muy bien. Por eso por muchas veces que corone el Tourmalet rara vez se marcha de allí sin inmortalizar el momento. Es la mística del ciclismo y de los lugares donde se ha escrito la historia de nuestro deporte.

Y al igual que la foto, tampoco perdonamos el bocata de jamón para recuperar en el jardín del Hotel Montaigú, ni la charleta después de la ducha, ni el paseo por la ciudad, ni tampoco la cena. Que ese es uno de los grandes placeres del ciclismo. Comer después del esfuerzo.

VIAJES EN BICI POR ESPAÑA 2020

TROUMUSSE, GAVARNIE Y LUZ ARDIDEN

El sol del viernes se transformó el sábado por la mañana en niebla y humedad. Son los Pirineos y estas cosas pasan. Pero para eso llevamos los vehículos de apoyo, para tener la seguridad de que podemos cambiarnos de ropa al empezar un puerto y al coronar. Aún así no hizo falta tanto. Fresco, humedad y niebla, pero que se fue despejando conforme subíamos Troumusse, el puerto más ‘antiguo’ de la zona y por el que jamás ha transitado el Tour de Francia. Es parque natural y en su cima será un ‘atentado’ ecológico montar una meta. Para llegar a ella desde Luz había que pedalear 27 kilómetros, los últimos 15 casi siempre mirando al cielo.

Es cierto que Troumusse tiene descansillos, uno a 10 kilómetros de coronar y otro a tres de la cima, pero también que tiene un asfalto por el que la bici no rueda con facilidad y que esconde rampas del 12 y del 14%, además de llegar a los 2092 metros de altitud. Si, casi tanto como el Tourmalet. Se presta a jugar a ciclistas y a echar el freno en algún sitio para no explotar. También porque ir tranquilo supone ver las cascadas que en agosto todavía llevan agua.

Si en la mayor parte del puerto no encontramos casi tráfico, los últimos tres kilómetros, con el tránsito cerrado, fueron un regalo. Atravesar la niebla por las curvas de herradura para llegar al Circo de Troumusse con el tiempo justo para hacernos una foto y bajar al avituallamiento para comer y abrigarnos justo antes de que la niebla volviese a cubrirlo todo.

Había que bajar con tranquilidad. Carretera húmeda, con curvas y bacheada. Ideal para probar los frenos de disco de la Liv que nos había dejado Giant de prueba. Seguridad absoluta, que de eso se trataba. Después rumbo a Gavarnie, primero para ir recobrando calor y en el pueblo, ropa a la furgoneta de apoyo (que nos había cedido Skoda Belabia Motor) y a darnos caña en el Col des Tentes. Un puerto constante, 10 kilómetros a una media del 8% y solo un pequeño descansillo a dos de coronar. Ideal para jugar a ciclistas, porque para esas horas ya había algunos ‘piques’ sanos en el pelotón. De eso se trata, de jugar, de pasarlo bien, de sentirse como niños en la bicicleta. Y vaya que si jugamos. Cambios de ritmo y escapadas, el que quiso, claro. En la cima esperaban las vistas del circo de Gavarnie Boucharó. Eso, unido a la buena temperatura y a las bromas del momento, daban ganas de quedarse allí de por vida.

Había que volver a ‘casa’ para recuperar a base de los bocatas de jamón, empanada, dulces, frutos secos… y las cervezas y coca colas que habían preparado Asur y Jaime. Descansito y antes de cenar charla tertulia con Joseba Beloki. Que siempre hay que seguir aprendiendo de ciclismo.

El domingo tocaba etapa ‘suave’, que las piernas ya acusaban el cansancio de 200 kilómetros y 6.100 metros de desnivel en tres días. Además había que volver conduciendo a casa. Así que rumbo a Luz Ardiden a primera hora. Prácticamente solos. Sin tráfico. Perfecto para disfrutar de un puerto Tour que no es el más duro de la zona, pero que tienen entidad suficiente para ‘recalentar’ las piernas. También para gozar de sus vistas, porque permite levantar la cabeza de vez en cuando y ver lo que hay en la cima. Y como el día anterior en Troumusse atravesar una capa de nubes para llegar arriba con sol.

En la cima de Luz Ardiden acabó el esfuerzo para algunos. Otros se animaron a ‘rodar’ una veintena de kilómetros más hacia Gédre y el inicio del Col de Saugué. Y es que cuesta despedirse de los Pirineos cuando ha salido el sol y suben algo las temperaturas. El garmin marcaba 52 kilómetros y 1.300 metros de desnivel cuando llegamos al hotel. Una excusa perfecta para dar buena cuenta del último avituallamiento antes de partir. Era domingo 23 de agosto de 2020 y ese día La Vuelta tendría que haber acabado en el Tourmalet. Los tiempos cambian, pero en este 2020 conseguimos no dejar de visitar al Rey de los Pirineos y de nuestro Piritour. Para 2021… nueva cita. Por supuesto.

VIAJES A MEDIDA

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