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Tour viejo, Tour moderno, el nuevo Tour de Francia

Desde pequeño siempre hemos visto al Tour como sinónimo de modernidad. Quizás sea por el síndrome de que tras los Pirineos acaba Europa o porque en julio todo brilla más que abril o septiembre. Por la tele las carreteras, los podios, los maillots e incluso las bicis lucían a la última. En la era digital fueron la primera web moderna, los primeros en digitalizar todo, el lugar donde se probaban los cambios electrónicos, la bicicletas de la temporada siguiente… pero una vez que te acreditas y visitas el Tour ves el lado antiguo, viejo incluso en algunos casos. Las salas de prensa en colegios y polideportivos antiguos, los pueblos con edificios viejos, los hoteles que recibieron a Anquetil y desde entonces no han cambiado los colchones. Eso también es el Tour.

Todo esto viene después de rodar por Marie Blanque y Laruns. Territorio QH que el domingo 6 de septiembre recibirá la novena etapa del Tour. En Marie Blanque la versión moderna del Tour. El paso del pelotón le ha supuesto asfalto nuevo al puerto, que ya le hacía falta, la verdad. Ya sabeis lo que mueve el Tour. Unos kilómetros más abajo, en Laruns, que será meta de la carrera, lo viejo. Las banderolas amarillas de la carrera decorando edificios tan antiguos que están a punto de caerse. Fotos y posters por las calles. El más grande el de un Anquetil en blanco y negro firmando un autógrafo en la pierna a una chica. La foto no aguantaría el envite en redes sociales… si no fuese por es el Tour.

El Tour 2020 pasará por Marie Blanque. Recién asfaltado

El Tour 2020 pasará por Marie Blanque. Recién asfaltado

Lo que la carrera francesa ha demostrado es que, por ahora, puede con todo. Fue la primera en elegir fechas y el resto se tuvo que acomodar. Los equipos han cambiado su guión previsto para correr el Tour y después, ya se verá. Son los tiempos del carpe diem. Si después del Tour hay Giro y Vuelta es una incógnita. Incluso si acabará este Tour, que también ha sido el primero en estrenar medidas de seguridad una gran vuelta por etapas.

La carrera que movía cada año a 5.000 personas cada día de hotel en hotel se reduce a 3.000. La caravana publicitaria (la que hace que muchos franceses salgan a ver la carrera) será un 40% más corta. El público en las salidas y en las metas estará limitado a 5.000, como marca la legislación francesa. En los puertos, solo se podrá subir andando o en bici desde dos días antes. Villages Depart reducidos, menos invitados, menos prensa, menos autoridades y, menos público. Sobre todo el turista extranjero que aprovechaba julio para acudir al Tour y ver Francia. Por eso si echas un vistazo a los hoteles de las ciudades cercanas al inicio o final de etapas del Tour todavía hay plazas.

Será el Tour del todos con mascarilla menos para dar pedales, geles hidroalcoholicos en cada rincón, equipos divididos en plantas de hotel y con solo 30 integrantes (8 corredores y 22 auxiliares), controles PCR a sumar al antidopaje que te pueden dejar fuera de carrera, del adiós a los selfies, a las entrevistas en los hoteles y de las pantallas. Plasma para ver la carrera en casa, para ver la salida, para ver la meta, para que los periodistas pregunten… Solo el afortunado que se pueda poner a pie de cuneta verá el Tour de verdad.

El Tour de siempre se quedará en las palabras de Bernard Thevenet, que sustituye a Bernard Hinault en su papel de embajador del ciclismo antiguo en el podio de la carrera francesa, en las fotos antiguas del village de salida y los pueblos de llegada, en la tradición francesa de decorar con bicicletas inverosímiles el paso del Tour para que las graben los helicópteros y en muchos hoteles, que seguirán siendo los mismos que utilizaban los corredores de hace 20 años.

VIAJES EN BICI POR ESPAÑA 2020

EL NUEVO TOUR: ETAPAS Y FAVORITOS

El nuevo Tour de 2020 estrena, además de medidas Anticovid, un recorrido sin los grandes puertos históricos. Y ya es raro, porque siempre se ha apoyado en la épica de Tourmalet, Galibier o Ventoux como icono publicitario. Una etapa con esos nombres atrae audiencia a la televisión y a las carreteras. También falta la primera semana llana por el norte de Francia, con previsibles llegadas al sprint, tensión y caídas. El tópico de que allí no ganas el Tour, pero lo puedes perder. Y, ojo, que ha habido años que ha sido una auténtica escabechina de favoritos. De esos, de los llamados a ganar la carrera más importante del mundo, también hay muchas novedades. Solo hay un vigente campeón en la salida, los otros tres, Nibali, Froome y Thomas, han sido descartados por criterios deportivos. No es lo más habitual.

Los que si están son los tres últimos vencedores de grandes Vueltas. Carapaz del Giro, Bernal del Tour y Roglic de La Vuelta. También Tom Dumoulin, que ha sido podio en las dos primeras pero que a punto de cumplir 30 años solo ha ganado un Giro y has estado año y medio sin competir. El cartel de favorito lo debería llevar Bernal, que defiende título, pero ya se le ha visto doblegarse al Jumbo Visma en Dauphiné. Si no Roglic que parece un seguro de vida, pero dejó Dauphiné en la última etapa después de una caída y ha mantenido la tensión sobre su participación hasta última hora. El esloveno tiene detrás al Jumbo Visma, en el que este año andan todos, hasta Dumoulin, que ya ha dicho que se encuentra en plena forma y que la última semana decidirá quién es el líder. Carapaz llega en teoría como gregario de Bernal después de que Ineos Grenadier le cambiara el Tour por el Giro, aunque el ecuatoriano ya se le subió a las barbas a Mikel Landa en el pasado Giro, cuando en teoría el español era el líder. Nuevo Tour, pero posibles tensiones dentro de los dos equipos a priori más fuertes en carrera. Igual que el viejo Tour de siempre.

Y luego están los escaladores. Los que sueñan con ganar un Tour de Francia sin pasar por la purga de una contrarreloj. Este año la organización se lo ha puesto más sencillo. Solo hay una crono, de 36 kilómetros y que además acaba en la dura subida a La Planche des Belles Filles. Trabajo para mecánicos y directores para decidir si tendrán que cambiar de bici y alivio para los que suben mejor que llanean, porque la rémora del penúltimo día será menor. En ese grupo está Pinot, que se bajó de la bici en el Tour 2019 y el Giro 2018 cuando peleaba por la general, Emanuel Buchmann, que hizo cuarto en 2019 y en Dauphiné se atrevió a atacar a la dupla Jumbo/Ineos, Nairo Quintana, rejuvenecido en Arkea a principios de año y que ofreció dudas en Dauphiné, Mikel Landa, que siempre es una incógnita, Tadej Pogacar con una Vuelta 2019 espectacular y algunas lagunas en Dauphiné y Miguel Ángel López, que llega por primera vez al Tour después de foguearse en Giro y Vuelta.

A todos estos les favorece un Tour con el recorrido de 2020, salpicado de trampas, emboscadas y territorio para jugar a ciclistas. Si la organización ha querido eliminar la previsibles etapas de sopor (bueno, en septiembre hace menos calor para echarse la siesta), aquellas de recorrido llano, escapada consentida y final al sprint, lo ha conseguido, al menos sobre el papel. Solo hay que mirar el libro de rutas. Hay 5 llegadas en alto, Orcieres Merlette, Mont Aigoual, Puy Mary Cantal, Grand Colombier y Col de La Loze (seis si sumamos la contrarreloj en La Planche des Belles Files). Otras cinco con recorridos de alta montaña y más de 3.500 metros de desnivel. La segunda etapa en Niza, las dos en Pirineos, con finales en Loudenvielle y Laruns pero después de pasar Menté, Balés y Peyresourde en la primera e Issarbe, Col de Ichiere y Marie Blanque en la segunda. La etapa 16ª, primera de la última semana en Alpes, con cinco puertos y final en Villard de Lans y la etapa 18ª con otros cinco puertos y el último el duro Plateau des Glieres para después bajar a La Roche Sur Fouron.

Vale, pues de las 21 etapas le restamos 11 con puertos, así que quedan 10 para velocistas. Pues, en realidad no. La tercera etapa, con final en Sisteron, es propicia para escapadas, igual que la 7ª con final en Lavaur y trazado rompepiernas, o la 12ª, que acaba en Sarrán, transcurre por el macizo central y tiene un puerto de segunda a 20 de meta. Tampoco la 14ª que acaba en Lyon y tiene dos cotas en los últimos 10 kilómetros de etapa.. Para los sprinters queda la jornada inicia en Niza, la etapa 5 en Privas, la 10 y la 11ª que son planas pero puede aparecer el viento, el penúltimo día en Champagnole, aunque no será fácil controlar la carrera, y la meta de París.

4.400 metros de desnivel sin ser Alpes ni Pirineos…

LOS PUERTOS

Entonces vamos con los puertos, porque de los nuevos el, a priori, más decisivo será el Col de la Loze. Es el final de la 17ª etapa, viene precedido por el eterno Col de La Madeleine, que pese a subirse por una carretera nueva no pierde nada de dureza, y es un puerto largo, con rampas imponentes al final y que acaba a 2.304 metros de altitud. Lo tiene todo para empezar a ser un referente de la carrera francesa. Si miramos solo son 17 kilómetros iniciales ya sería un puerto de entidad, con una media del 7%. Pero es que los cuatro kilómetros y medio finales, casi todos por encima de 2.000 metros de altitud, son a una media del 10,7% y con dos rampas brutales, del 24 y del 18%, algo que pocas veces se ha subido en el Tour y en los Alpes.

De la etapa siguiente, la 18ª, la trampa será el Plateau des Glieres. Es cierto que su cima está a 30 de meta, pero también que se llegará a él después de haber subido Cormet de Roselend, Col de Saises y Col de Aravis. El Plateau des Glieres no es nuevo, se subió ya en 2018, pero demasiado lejos de meta. Los números son brutales, en seis kilómetros se suben casi 700 metros, así que la media es del 11,2%, con un tramo central de dos kilómetros a más del 12,5%. Y al acabar, dos kilómetros de tierra llanos antes de comenzar el descenso.

En la etapa 13ª se atraviesa el Macizo Central, con cinco puertos y un desnivel acumulado de 4.400 metros de desnivel. Para que se hagan una idea, lo mismo que La Maratona dls Dolomitas. Una auténtica barbaridad. El final está en una doble ascensión del Col de Neronne y el Pas de Peyrol. Son 15 kilómetros de subida, aunque en mitad hay un llano de seis. Lo duro viene en los tres últimos, con una media del 12%, que hará daño después de una etapa tan exigente.

La etapa del Jura en este 2020 le ha quedado al Tour como una de las más duras. Será la 15ª, con salida en Lyon. El resumen son 100 kilómetros llanos y los últimos 75 kilómetros con tres puertos y más de 3.000 metros de desnivel dando la vuelta a todo el macizo. El primero, Montee della Selle de Fromentel, jamás se había subido en el Tour y tiene 11 kilómetros al 8%, con los tres últimos a más del 12%. El Col de la Biche se ‘descubrió’ en 2018 para el Tour y son siete kilómetros al 8,9%. La carrera acabará por primera vez en Grand Colombier, al que el Tour no llegó hasta 2012. Son 17 kilómetros al 7% y con tramos centrales a más del 10%.

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