Siguiendo la rueda de Marco Pantani por la Emilia Romagna

Lo scalatore romagnolo vince la tappa del Mortirolo. Así presentaban los medios de comunicación al mundo a Marco Pantani. Era 1994, su idilio duró una década y finalizó en Rímini, cerca de su Cesenático natal. La historia de un ciclista paradójico y enigmático. Escalador pero nacido en el mar. Fuerza en las piernas pero debilidad en la mente. De origen humilde aunque con energía suficiente para ser un noble del ciclismo. Paradojas y enigmas que también se trasladan a su región, la Emilia Romagna, que hemos descubierto a golpe de pedal.

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No es complicado encontrar el rastro de Pantani por los paisajes que le vieron nacer, crecer y convertirse en el último gran ídolo del deporte italiano. En cualquier rincón de la Emilia Romagna, que se extiende desde la región central de Piacenza, Parma y Módena hasta el Mar Adriático de Rímini, pasando por Bolonia o Ímola, hay una huella del ‘Pirata’. Desde el bullicio de las veraniegas y playeras Rímini, Cattolica o Riccione a los agriturismos y castillos escondidos de Longiano o San Leo.
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No en vano miles de aficionados se echan a las carreteras romagnolas cualquier día. Por sus rutas se organizan hasta seis pruebas profesionales cada año (Settimana Coppi-Bartali, Giro dell Emilia, GP Etruschi, Memorial Marco Pantani, GP Beghelli y Trofeo Laigeglia) y cuenta con cicloturistas (o pruebas de Gran Fondo, como se llaman en Italia) al gusto de todos. Desde la Gran Fondo Nove Colli, la Pantanissima o la Gran Fondo Cattolica, que nacerá en 2015.

Cesenático y Rímini
Como en una novela, las dos ciudades marcan el inicio y el final de la historia de Marco Pantani. Sólo una veintena de kilómetros planos de costa Adriática de largas playas y turismo continuo separan los dos puntos de la vida del ciclista. La pequeña Cesenático. Ciudad de pescadores y alejada de los turistas hasta hace unos años. Y la magnánina Rímini. Histórico destino vacacional de media burguesía italiana y donde el corazón del escalador romagnolo dejó de latir.

Para llegar a Cesenático sólo hay que pedalear por la costa. Si partimos desde Rímini el único impedimento será el viento, porque la orografía nada hace augurar que allí nació el último gran escalador de la historia. Antes de entrar en la ciudad pasamos por varios bike-hoteles abiertos todo el año, como el Lungomare. Temperaturas agradables casi cada día, bicicletas de carretera de alquiler y servicio de rutas. Ideal para que el cicloturista pase una semana de ciclismo tranquilo o entrenamientos fuertes. Él elige.

Justo al inicio de Cesenático uno de los monumentos a Marco Pantani, que además marca la meta de la Nove Colli, la cicloturista que reúne cada mes de mayo a más de 13.000 entusiastas de pedal en busca de un recorrido sinuoso de cortas colinas y rápidos descensos. Ideal para descubrir la región en poco más de 200 kilómetros. En el centro, justo al pasar el puerto, y junto a la estación de tren, el Museo del Pirata. La historia de Marco Pantani dividida en tres salas con sus maillots históricos, las bicicletas con las que escribió literatura ciclista en las montañas de media Europa y los cuadros y fotografías de sus momentos épicos.

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Merece la pena dar media vuelta y pedalear a Rímini que es mucho más que una ciudad turística. Se puede llanear por la zona de playa o ascender hasta la ciudad antigua para ver el Arco romano de Augusto o la Piazza Cavour con su monumento al Papa Pablo V. No hay problema si circulas en bici por sus adoquines como la mayoría de los riminenses. Además, siempre podrás encontrar un buen lugar para el avituallamiento en forma de ‘piadina’, la torta típica de la región a la que puedes agregar casi cualquier cosa, desde prosciutto a queso o mermelada. Precisamente la ‘piadina’ fue la fuente de ingresos de la juventud de Marco Pantani, ya que era el negocio familiar que atendía ‘Tonina’, la madre del ciclista. Y por la noche un ‘aperitivo’, que es lo mismo que salir de tapas en España.

Il Cippo di Pantani, Longiano, Sogliano y Montecopiolo
Pero sería imposible entender la historia de Marco Pantani sin las montañas. En el este de la Emilia Romagna no hay puertos de 2.500 como los que coronaron al pequeño scalatore, pero sí miles de colinas de los Apeninos en las que puede nevar durante un mes en invierno sin superar los 1.500 metros. Ya lo dijo una vez Marco y quedó grabado en el asfalto. “Il Carpegna mi basta”. Pero vamos a explicar sus enigmáticas palabras.

Carpegna está escondida a más de 50 kilómetros del mar y casi 100 de Cesenático. Allí se acaban las llanuras y para llegar hay que ascender por cientos de pequeñas colinas, siempre coronadas con un pueblo medieval o un castillo de la época. Dureza contenida que superaba Pantani cada vez que afrontaba el reto del Monte Cippo. Desde el inicio en Carpegna, por la cara este, son sólo 6,1 kilómetros de carretera estrecha rodeada de bosque pero con una pendiente media del 10,23%. Un reto para la mayoría de los ciclistas pero solo un banco de pruebas ideal para el ‘romagnolo’ y que utilizaba cada vez que necesitaba poner su maquinaria a punto.

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Aquel “Il Carpegna mi basta” de Pantani (traducido como El Cippo es suficiente para mis entrenamientos) se convirtió en el lema de región y puebla todos los rincones de la subida, dedicada al Pirata en sus 22 tornantis perfectamente indicados. Inicio fuerte, con rampas del 20% durante los dos primeros kilómetros, después un giro a la izquierda para traspasar una valla y meternos de lleno en una carretera estrechísima, idéntica a la del Mortirolo. Un cartel nos indica que por allí también pelearon otros dos grandes ciclistas, Fuente y Merckx, en los Giros del 72 y 73.

La dureza sólo baja en el falso llano en el que está situado el primer monumento a Pantani. Después vuelven las rampas por encima del 10% con techos del 18% que obligan a mirar al asfalto y leer frases como ‘Marco, si sente suolo il tuo respiro’. Para acabar con un tramo final excelso al 14% denominado ‘Il Cielo del Pirata‘ y que da paso a una fotografía gigante del ciclista vestido con el rosa del Giro.

El Giro 2014 en su octava etapa rindió homenaje a Pantani con la subida al Cippo de Carpegna y final en Montecopiolo, a sólo una veintena de kilómetros de allí. Ese día se vistió de rosa Evans y pese a que la victoria fue para Ulissi su control positivo se la dio semanas después a Fabio Aru, quizás el mejor sucesor del escalador romagnolo.

Pero antes de afrontar el reto del Cippo es obligatorio recorrer parte del trazado de la cicloturista Nove Colli, que a finales de mayo parte y finaliza en Cesenático pero que se adentra por los pueblos escondidos de los Apeninos Romagnolos y acumular 3.800 metros de desnivel en 200 kilómetros. Puedes ascender a Longiano y disfrutar de su bello castillo. Descender por una carretera sinuosa en busca del pequeño Stelvio de Sogliano al Rubicone con una docena de tornantis y un curioso casco histórico o buscar San Leo, uno de los pueblos más bellos de Italia y coronado con un fortaleza construida encima de una gigantesca roca.

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Si partes desde Cattólica, a 40 kilómetros al sur de Cesenático. El reto del Cippo te lleva por las rutas agrícolas de Misano (ciudad natal de Simoncelli), Morciano o Taverna hasta el cercano estado de San Marino. Por el camino dan ganas de ascender por los cientos de carreteras que salen a derecha e izquierda y que suben a pequeños municipios como Montecolombo, Montescudo o al Castello de la Rocca Malatestiana. Siempre con algún atractivo arquitectónico o histórico que visitar (por allí estaba trazada la línea gotica en la Segunda Guerra Mundial). Y si es gastronómico lo ideal es detenerse en un Agriturismo como Fiammetta. El resumen. Buen vino, excelente aceite, cocina casera y todo productos naturales que recogen en la misma finca.

Relax en Cattolica y Riccione
Apegado a su tierra y a su gente, el mar siempre marcó la carrera de Pantani. Después de su primera caída reapareció como ‘Il Pirata’ sólo por haber nacido con barcos a su alrededor. El mar significa relax y tranquilidad y es lo que buscaba Marco después de su problema en Madonna di Campiglio, que acabaría marcando el resto de su carrera deportiva. Era la válvula de escape de un hombre obsesionado con la persecución a la que fue sometido por la prensa y la justicia deportiva.

Precisamente Riccione fue el lugar elegido por Pantani y su agente, Manuela Ronchi, para la concentración de invierno de la temporada 2001. El Pirata necesitaba en diciembre al equipo cerca de casa, calor y buenas carreteras para entrenar y la zona de Cattólica-Riccione era ideal. Son la versión tranquila y familiar de la turistica Rímini. Con buenos hoteles, precios económicos fuera de temporada estival y cortas montañas a su alrededor. También una gastronomía idónea. La variedad de la pasta italiana con los restaurantes especialistas en pescado. Hidratos y proteinas como combustible y algún capuccino o ristretto para entrar en calor a primera hora de la mañana.

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Para llanear sólo hay que tomar la carretera de la costa. Puedes ir hacia el sur hasta Cattólica y luego girar al norte hacia Cesenático y Rímini sin el más ligero repecho. Pero también indagar más allá de Cattólica hasta Pésaro y ascender por la carretera Panorámica. Casi treinta kilómetros por capos y repechos cortos pegados al mar del Parque Natural de San Bartolo.

Una zona sin descanso, bella e ideal para entrenar en cualquier época del año. Suficiente para exprimirte las piernas con vistas al Adriático y sin tráfico. Con poco más de 60 kilómetros puedes tener hecho el trabajo de todo el día y tener tiempo suficiente para ir a la playa o seguir pedaleando hasta la ciudad medieval de Gradara. También para ‘pecar’ en las ‘gelatterias‘, de esas en las que el helado es un alimento hecho con esmero y no una suma de hielo, azúcar y cuatro gotas de leche industrial como al que estamos acostumbrados en España. O pasara a una ‘trattoria’ para perderte entre lasagnas y pastas.

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Por allí transcurrirá la Gran Fondo de Cattólica 2015, que se iniciará en el Acquario de la ciudad. La idea partió de Filippo Magnani, presidente de la asociación de hosteleros local y amante del ciclismo. Con su trabajo y los consejos de Andrea Manusia, la cabeza visible de ERC Cycling APT Servizi Emilia Romagna ha transformado los establecimientos turísticos de la zona en Bike-Hoteles. Es decir, aquellos que tienen todo para que un cicloturista pueda sentirse como en casa. Desde taller a servicio de guías, hasta más de 20 rutas o alquiler de bicicletas. A mi me tocó una Bianchi, la marca que se asoció con los mejores años ciclistas de Marco Pantani. Ideal para recorrer las rutas del ciclista romagnolo y sobre todo para dar rienda suelta y crear en 2015 el Giro de Marco Pantani

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