QH 2019. Una cuestión de amigos

Lo mejor de la QH son los amigos. Pues sí. En la QH 2019, como en las siete anteriores a las que hemos ido con la familia Ciclored lo más importante es la amistad. Sabiñánigo se ha convertido desde hace años en un punto de reunión de colegas. Allí, en el Universo Quebrantahuesos, como nos gusta llamarlo te reencuentras con ciclistas y gente del mundo de las dos ruedas que no ves en otra época del año. Solo con eso, ya es importante estar. La otra razón, ver la cara de felicidad al acabar la QH de los amigos que en cada edición comparten con nosotros hoteles, comidas e ilusiones. Ese es el espíritu.

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Pero ante todo, lo mejor que tiene la QH es la libertad de elegir. Porque al ser el mayor evento ciclista de España (y uno de los más grandes de Europa) puede tener las carreteras cortadas durante casi todo el recorrido. Eso permite a los que quieren ir rápido y mejorar su tiempo tener la opción de hacerlo. A los inspirados del Strava compararse con ex profesionales como Indurain, Beloki o Contador. A los que desean ir más tranquilos y hacer fotos, también. A los que salen a ver que pasa, pues también. A los que prefieren pedalear con colegas y ayudar a otros a acabar su reto, pues tienen su hueco. A los que no les apetece hacer tantos kilómetros, pues siempre se pueden pasar a la Treparriscos a última hora.

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Video Resumen QH 2019 >

Fotos Marie Blanque. Ciclismo a Fondo >

Por eso en el grupo de amigos de Ciclored para la QH 2019 había de todos los perfiles. Cada uno tenía sus ilusiones, sus expectativas y su sitio en el pelotón. Y su procedencia. El más lejano el amigo Berni, que voló desde Bolivia. Canarios y baleares con horas de vuelo y coche para llegar a Sabiñánigo. Malagueños, sevillanos, murcianos, gallegos… que tenían más de 10 horas de camino. Madrileños, manchegos, valencianos, catalanes, vascos, castellanos, navarros, cántabros, asturianos, aragoneses... Todos con ganas de QH. Incluso un tal Joseba Beloki, que en esta edición compartió horas de charla y amistad en el Hotel El Churrón.


JUEVES Y VIERNES. NUESTRA PRE-QH

A la QH siempre gusta llegar temprano. Muchos pasan una temporada entrenando y preparando la prueba. Es parte del camino. La QH se ha convertido en el Tour de muchos cicloturistas. Una ilusión. Un objetivo. Por eso si puedes coger días libres en el trabajo los aprovechas para aterrizar en Sabiñánigo con tiempo para que nada falle. El jueves ya teníamos el Hotel El Churrón de Larrés con el cartel completo. La idea era asentarse y rodar. Unos cuantos kilómetros por el Valle de Tena con la vista puesta en el cielo, por si acaso descargaba tormenta.

Por una vez el clima fue benigno. Nos dejó rodar algo más de una hora, pasar por la línea de salida de la QH, con selfie incluido, y subir por el repecho de Cartirana. Ducha y primera cena con las delicias del chef Javi. Fuera, la tormenta del siglo. Con truenos, rayos, relámpagos y litros de agua. De la que nos habíamos librado. A la cama a descansar y con los dedos cruzados para que el viernes nos dejara rodar otro rato.

Y es que el viernes supone la llegada de la mayoría del Grupo de Ciclored a los hoteles. Los que vienen temprano todavía tuvieron tiempo de rodar otra horita por la mañana. Una nueva ventana de buen tiempo entre tormenta y tormenta. El tiempo justo para soltar piernas y comprobar que la bicicleta está ok para el gran día. Liberar tensiones y mente. Y charlar. Eso siempre. Hablar sobre la QH, sobre ciclismo, y sobre las cosas de la vida.

Después a la Feria QH, un lugar en el que no hay cicloturista que no se sienta como un niño el día de Reyes. Con el límite de la tarjeta de crédito ajustado para no perderse el mil caprichos, que los hay. Nos podríamos pasar horas visitando cada uno de los stands y hablando con todos los que conocemos por allí. Obligatorio es detenerse con nuestros amigos de ULB Sports, que estrenan modelos de equipaciones y camisetas interiores. Y página web de venta online.   Y después charlar con Abel Sáez, que retorna la QH para regalarnos su fotos en Marie Blanque. Y con Chema Arguedas, que ya está con nuevos proyectos. Y los amigos de Ciclismo a Fondo, que nunca fallan a la cita. Ni los de Giant. Ni Tere, Jesús, Miguel, Rubén, Gerardo, Pedro, Víctor, Juande… clasicómanos con los que pedaleamos en Roubaix, Flandes, Amstel, Strade… Amigos unidos por la QH.

Y a las 20.00 ya estamos casi todos en nuestros respectivos hoteles con la cena puesta. Toca horario europeo porque el sábado hay que madrugar. Una cena de hidratos y proteínas que cada uno elige a su gusto. Variedad en el Hotel El Churrón, en el Exe Las Margas, en el Hotel La Paz, en el Gran Hotel de Jaca, en el Hotel El Acebo… Y a dormir. Que el día 22 de junio llegaban los Reyes Magos.


SÁBADO. LA QH 2019

En lo único que no se puede elegir en la QH es en la hora de levantarse. Hay que madrugar sí o sí. Con la salida a las 07.15 hay que levantarse como muy tarde a las 05.30 para que al menos el desayuno vaya medio digerido cuando suene el petardazo de salida. La clave es llegar a Sabiñánigo en bici. Los que estaban alojados en Las Margas y O Porrón, a dos kilómetros de la salida, sin problema. Desayuno tope en buffet libre y a soltar piernas. Para los de El Churrón, tampoco. Cinco kilómetros y en Sabiñanigo. Y para los de Jaca… pues un pequeño madrugón, coche aparcado en el Churrón y todos juntos camino de Sabi. Grupeta inmensa que ya había descruzado los dedos después de las tormentas del día anterior.

La QH 2019 iba a tener sol y buenas temperaturas, aunque a las 07.00 todavía no se superaban los 10 grados en Sabiñánigo. Día de chaleco y manguitos, como el 90% de las QH’s en las que he tomado parte (y ya van 14). Antes de entrar en el cajón, privilegio. Charleta con Miguel Indurain, que se ha pegado el madrugón para venir desde Pamplona (no se libra ni un tío que ha ganado cinco Tour). La voz de Guajardo anunciando a Indurain, Beloki, Pereiro y Contador te recuerda que este es el Tour de los Cicloturistas.

Suena el chupinazo y a partir de aquí comienza la QH de cada uno. Todas por las mismas carreteras, pero cada una diferente. Al llegar a meta tendremos más de 11.500 historias diferentes. Por eso ahora la crónica se vuelve más personal. Puedo contar la mía, que arrancó más tranquila que otros años porque esta vez soplaba el viento de cara desde Jaca (y Haimar Zubeldia no tenía ganas de ir rápido como en 2018). Así que los primeros kilómetros la clave era dejar un hueco entre tu bicicleta y la del delante para no comerte alguno de los frenazos, que los había. Impacientes por llegar a la cabeza del pelotón que cuando lo hacía buscaban el abrigo del grupo.

En Somport siempre se rompe el grupo. Pese a que el viento sigue soplando de cara se abren huecos. Diferentes vatios. Diferentes ritmos. Toca pensar y elegir. Jugamos a ciclistas y para delante. O reservamos fuerzas para lo que resta. En la bajada en este 2019 con chaleco y manguitos fue suficiente. Humedad, alguna curva mojada, pero peligro excesivo. Después del cruce del tunel se volvió a reagrupar todo. Tranquilidad y grandes pelotones antes de Marie Blanque. Ideal para comer y retomar la conversación con Indurain, que volvía a estar por allí.


A pie de Marie Blanque ya era verano. Húmedo, como siempre, pero con una temperatura perfecta para afrontar los cuatro kilómetros más recordados del cicloturismo nacional. Que levante la mano el que jamás haya sufrido allí. No solo por ir rápido o intentar hacer el mejor tiempo posible. Sino simplemente por subir. La constancia y las rectas interminables hacen sudar a cualquiera. A mi me toca mirar a los vatios y medir. Que para algo me compré el aparatito. No más de 300, que luego duelen las patas.

Lo mejor es el reencuentro con Abel a 500 metros de coronar. Foto y ‘pinganillo’ sobre cómo va la marcha. «Hay uno escapado que lleva 3 minutos de ventaja a la cabeza», me dice, como si tuviese yo alguna opción de llegar a cogerle. «Tranquilo Abel, que a ese no le pillo, pero alguna cerveza me quedará en meta», le respondo.  Bajada de Marie Blanque y a rodar hasta Laruns. Otra vez en grupeta. Con tiempo para dar algún relevo, comer y beber.

La QH empieza en el inicio de Portalet. Es lo que me enseñaron los veteranos de QH hace tiempo y siempre lo suelo decir como consejo en todos los briefings. Me había aplicado el cuento. Así que los primeros kilómetros iniciales del juez de la QH se hacen sin sufrir, pero otra vez con viento de cara. Alguno me pregunta eso de ‘¿oye, va a soplar todo el rato así?’ Pues sí. Día de viento redondo que diría mi amigo Rafael Berruezo ‘El Coronel’. O lo que es lo mismo. Etapa circular en la que te pega siempre de cara.

Así que el Portalet era clave ir siempre en grupo para no afrontar solo el viento. Pero si te quedas sin agua… pues hay que parar en el avituallamiento y ver cómo se aleja la grupeta. Empiezas a echar cuentas. Vatios, distancia y fuerzas. Y sabes que la has perdido. Te va a tocar sufrir un poco más de la cuenta por culpa de Eolo. Qué se le va a hacer. Casi se hace más complicado en la bajada de Portalet, que te obliga a dar pedales cuando siempre piensas en recuperar.

Casi que se agradece subir la Hoz de Jaca protegido por el bosque. Sabes que allí todas las energías sirven para avanzar, que no debes dedicar ninguna a combatir el viento. También que en cuanto vuelvas a la carretera de bajada a Biescas vas a volver a pelear contra el mismo. Vistazo a la grupeta. Cuanto más numerosa. Mejor. Que ya solo queda el repecho de Cartirana, entrar en meta y empezar a contar tu historia de la QH 2019.

Pero quizás de todas las que sucedieron en este 2019 la más emotiva de la familia Ciclored fue la de Juan Carlos. En 2017 una curva de la Hoz de Jaca le envío tres meses al hospital y le obligó a una larga recuperación, no solo física, sino mental. En 2018 ya se atrevió con la Treparriscos y el 22 de junio era su día. Para demostrarse que podía, por piernas y por ‘cabeza’ porque nunca había vuelto a pedalear por el mismo lugar. No lo hizo solo, sino con cuatro ‘escuderos’ más. Su entrada en meta, anónima, suponía hacer cumbre en un puerto que pocos se pueden imaginar lo duro que es y los desniveles que tiene. Ese es el espíritu QH. Cosa de amigos o de retos familiares, como el de Iñigo, que con su familia rindió homenaje a su hermano en la Treparriscos.

DOMINGO. VOLVEMOS EN 2020, NO?

Las cenas post QH siempre se alargan. El cuerpo ha liberado tensión, adrenalina, stress… Objetivo cumplido para la mayoría. Por eso después del filete de carne viene el postre extra dulce y alguno el gin tonic o la cerveza que llevaba meses sin probar. Una cosa lleva a la otra. Pese al cansancio dan ganas de seguir hablando. Si en la tertulia tienes a Joseba Beloki pues ya, ni os cuento. Hasta casi las dos de la mañana hablando de ciclismo. Una jornada de casi 24 horas ciclistas.

Queda desayunar, despedirnos y guardar sitio para 2020. La QH siempre es una cita obligada. Acaba una y ya estás pensando en la siguiente. Quién no volvería al Tour de Francia cada año si pudiera hacerlo, ¿no?

 

 

 

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