La Purito 2018, más Purito que nunca

Si por algo se ha diferenciado Purito Rodríguez en toda su carrera como ciclista profesional es por ser diferente e innovador. Fue el primero que supo sacar jugo a las redes sociales con su particular humor y filosofía. Cuando lanzó La Purito Andorra buscaba eso, trasladar su forma de ser a una marcha cicloturista. Pues en esta cuarta edición, en esta La Purito 2018, lo ha conseguido de lleno. Fue La Purito mas Purito que nunca.

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Y es que cuando las cosas se dejan en manos de Joaquim, todo puede pasar. Desde un briefing con toneladas de humor presentado por Javi Sancho (son tal para cual), a un recorrido de 5.200 metros que no deja a nadie indiferente (y sin dolor de piernas) al detalle de los ‘Puritos’ de chocolate en la cima de La Gallina con photocall incluido. No hubo ninguno de los 2.700 cicloturistas inscritos que no tuviese la oportunidad de hacerse una foto con Purito o pedalear un rato con él. Y no solo él, también estuvieron por allí  Carlos Sastre, Joseba Beloki, José Antonio Hermida, Ángel Vicioso, Ángel Edo, Aitor Kintana… medio pelotón

NUESTRA PRE PURITO

Es llegar agosto y el coche va solo hacia Andorra. Somos incapaces de perdernos una edición de La Purito Andorra. Vale que es de las más duras de Europa, pero el ambiente y los amigos con los que nos encontramos allí nos empujan año a año a cruzar la frontera y entrar en PuritoLand. Para este 2018 además teníamos unos ‘compañeros’ de aventuras de esos que te sacan los ojos en cada subida (eso sí, con mucho cariño y buen rollo). Así que el viernes, nada más llegar al hotel, culotte y maillot y a desafiar al calor y a Port Cabús, uno de esos puertos por lo que no pasan nunca las carreras profesionales pero que es bello (y duro, claro). Con la tontería 47 kilómetros de rodada, 1.200 metros de desnivel y cota 2034 metros para empezar, y eso que no pudimos llegar a la cima porque se hacía de noche. Al menos la cena la teníamos ganada.

Para el sábado dos versiones. La ‘ojo niño que mañana tenemos La Purito’, es decir, subidas a La Comella y Engolasters lo que se traduce en 36 kilómetros y 1.000 metros de desnivel. Y la ‘Ya que estamos aquí vamos a subir puertos’, que en el lenguaje Calderón y Mancebo quiere decir, 3.870 metros de desnivel. Vamos, que cada cual hace con sus piernas lo que quiere.

Eso sí, todos en hora y duchaditos para ir a recoger el dorsal y ver el briefing de La Purito, que cada año es algo así como la versión ciclista del Club de La Comedia (y gratis, oiga). Entre Javi Sancho y Purito fueron capaces de explicar cómo iba a ser la marcha y dar consejos sobre cómo afrontarla sin dejar ni un minuto de reir. Naturalidad ante todo y buen humor, adiós a las tensiones de otras cicloturistas. Si algo tiene La Purito es que su dureza en la versión de 145 kilómetros es tan extrema que no se puede tomar con la idea de ir a hacer tiempo, sino con relajación, pausa y parando es los avituallamientos. Sin ningún stress ni prisas. Por eso el buen rollo y la distensión es fundamental. Tanto para afrontar la marcha como para explicarla, y en eso Joaquim es un especialista.

Este año el invitado era Carlos Sastre como homenaje al Tour que ganó ahora hace justo una década. No se libró de 10/12 bromas de Purito en ‘venganza’ por las que le había hecho pasar el abulense cuando debutó en profesionales en la Once. Indurain en la primera edición, Chiapucci en la segunda, Jalabert en la tercera, Beloki que las ha hecho todas y Pereiro que se apuntó a la del año pasado. Más Carlos Verona, Jesús Hernández, Simon Clarke…. y varios más que se han apuntado estando todavía en profesional. Y el incombustible José Antonio Hermida. No está mal la nómima

NUESTRA PURITO 4.0

Antes de la primera edición de La Purito, en una entrevista, Joaquim me aconsejó que para afrontar su marcha había que comer todo lo que se pudiera. Desde entonces le llevo haciendo caso (bueno, la verdad es que tampoco hace falta animarme mucho). Antes del briefing ya nos habíamos jalado un menú de día con Eriz y Aitzane. Después del briefing y de saludar a los colegas de La Bicicleta Café (nos vemos en octubre en el Campus con Joseba Beloki), de Sencillo Bike, a Paula, a Carlos, a Toni, a Ángel, a Rubén, a Dani, a Pepe, felicitar a Javi Sancho, que además de humorista es majete, hacernos la foto de rigor con Joaquim… bueno ..a… medio pelotón cicloturista, que son todos los que se juntan en La Purito, Vamos, que ya habíamos gastado las energías suficientes para meternos otro menú de cena y un buffet libre de desayuno.

Tanto fue el tenedor a la boca que hubo que medir dos o tres veces la talla del maillot de La Purito, que hasta lo había hecho rojo para que fuésemos conjuntados con el culotte Ciclored. Entallado y ajustadito. Al límite. Y con unos manguitos de regalo, y un guardabarros de Sencillo Bike y dos geles y dos barritas, y un chubaquero, y un montón de descuento… vamos, que la inscripción salía hasta barata.

Madrugón escaso. La salida era a las 08.00 y dormíamos a medio minuto. Y además sin nada de tensión. Con los 5.000 metros que hay de desnivel por delante, como para salir acelerado. Todos vestidos de rojo para facilitar a los organizadores y a la policía los ‘privilegios’ de participar en La Purito 2018. Últimos retoques. Charleta con Juan Antonio y Gerardito el Chico, que también se había apuntado a la fiesta, y a pedalear, que es de lo que se trataba.

En esta Purito 2018 mandaba el calor. Adiós manguitos de salida. Y como es todo cuesta arriba hasta el inicio de Beixalis, pues da tiempo incluso a charlar sin tener problemas con posibles caídas. Con la tontería solo en los 10 primeros kilómetros salen 312 metros de desnivel… y todavía no se ha subido ningún puerto. Cuando arranca Beixalis, con esa rampa madrugadora del 13%, cualquier atisbo de frío se olvida. Entras en el primer infierno de La Purito, y quedan unos cuantos.

Hay muy pocos cicloturistas con nivel para tomarse todos los puertos de La Purito en serio. Lo mejor es dejar ritmo conversacional, ese que da tiempo a incluso echarse unas risas. Colegas no faltan. Está David Rubio, está Joseba Beloki, está Fernando Echeverría... para que forzar pudiendo disfrutar. Incluso un viejo conocido de la QH 2018, con el que estuve pedaleando algo así como 15 kilómetros en solitario. Beixalis nos volvió a juntar.

Descenso, giro a la derecha, cero metros llanos y a por Ordino. Otro de esos puertos en los que se puede hablar. Vamos, ocho kilómetros al 6/7% para conocer a cicloturistas que han hecho el Himalaya en BTT o el Tour del Mont Blanc. Retos nivel La Purito. Va a ser que todos los pedaleamos por estos lares tenemos el ‘mismo’ problema. Coronamos, foto ‘chorra’ con Beloki sacando la lengua al desnivel y primera innovación de La Purito 2018, esta vez el avituallamiento estaba en una borda (casa de labor).

Tiempo para recuperar, charlar (venga vale sí no callamos en todo el día) con Purito y Hermida, reencontranos con viejos amigos del Campus Ciclored 2018, rellenar bidones de agua fresca e isotónico y esperar a Gerardito el Chico, que con su 1,92 es ideal para el descenso hacia Canilló y el falso llano picando para abajo hasta San Juliá. Y desde allí. Para arriba. Los cuatro primeros kilómetros de La Rabassa (será final de etapa de La Vuelta 2018) sientan demasiado mal. Son entre el 11 y el 13% y te recuerdan que lo hecho hasta ahora no es nada comparado con lo que resta.

Pero bueno, los desniveles con cháchara con menos. Así que Juan Antonio me da la conversación suficiente para llegar a la cima de La Rabassa con la sensación de no haber hecho casi nada. Aunque las piernas y las sensaciones no decían lo mismo. Avituallamiento. Más conversación, esta vez con Amador, que lo mismo se apunta al Giro de Lombardía, y para abajo con la idea de afrontar La Gallina a mil por hora. Bueno, es una forma de hablar. Más bien se trataba de dejarse las piernas y años de vida en el primer tramo cronometrado de La Purito. Es decir, jugar a ciclistas, que es de lo que se trata.

Y como en este año 2018 tengo nuevo juguetito, pues a lo Froome. Mirando el potenciómetro y regulando vatios para no petar en el intento. Y ojo que en La Gallina no es fácil. En esta edición en los primeros kilómetros parecía un horno. El Garmin dice que había 35 grados. Las sensaciones que empezaba a oler a pollo asado. Había que respirar mucho para afrontar los desniveles por encima del 10% sin sudar como si estuvieras en la ducha. La suave brisa del ligero descenso de La Gallina (ojo a los matices) servía para recuperar algo.

Por delante quedaban esos últimos cuatro kilómetros y medios con 32 grados pese a ir en mitad del bosque, de tocar hasta tres y cuatro veces la maneta derecha para darte cuenta de que no hay piñones más grandes, de pasar a duras penas los 10 km/hora y aún así ir a un ritmo más que respetable. Vamos, de ganarte con creces el Purito de nutella que había preparado en la cima para cada uno de los participantes (he de confesar que cayó más de uno). Una fotito con uno, ojo que también está Purito, pues otro cigarro y otra foto, mira que vienen Joaquín y Rubén, pues otra foto y otro purito….

Curvas de herradura para abajo y La Comella. Que es ese puerto que casi nadie tiene en cuenta y que va haciendo daño de verdad. Vamos, que te deja casi rematado para lo que resta. Porque desde su cima no todo es descenso hacía Cortals, solo se bajan cinco kilómetros, pero para llegar a Encamp hay que ascender otros seis. Así, de regalo. Y con 30 grados en la espalda… bueno, y un avituallamiento con donuts, ‘bocadillos’ de galletas con membrillo, plátanos, bebida fresca…

En Cortals La Purito pasa ser una marcha muy dura a extrema. También está cronometrado, así que se puede jugar a ciclistas de nuevo. Los dos primeros kilómetros al 10% lo desaconsejan… pero, hemos venido a jugar, no? Eso sí, hace tanto calor que los vecinos han salido a la calle con mangueras para regar (si, literalmente) a todos los ciclistas que pasamos. No viene mal el agua. Palía el dolor de piernas que está por venir y los gritos de ánimo de Emili, que ya baja, o Joseba, que también ha llegado.

Tardamos ‘tanto’ en subir que el calor del inicio se convierte en lluvia cuando restan tres kilómetros para acabar. Lejos de desagradar, hasta apetecía. Viento de cara en algunos tramos y mojados. Más épico, aunque en La Purito sólo con acabar es suficiente. Sprint para entrar en meta, butifarra, coca cola y… una de las grandes ventajas de La Purito. La organización te sube una mochila a meta con ropa de abrigo, así que hay tiempo para cambiarse, ponerse seco, echar el chaleco y los manguitos, y bajar sin pasar nada de frío pese a la lluvia.  Bromas si, pero un trabajo profesional para dar servicio a todos los cicloturistas. En 2019… pues otra vez, no?

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