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Los desheredados de Alpe d Huez

El  Alpe d Huez acabó con sus sueños de gloria. La cumbre más mítica del mundo destrozó sus cuerpos de ciclista. Ansiaban el Tour y tuvieron que sucumbir antes las 21 curvas y sus rivales. Fueron dos de los grandes: Eddy Merckx y Bernard Hinault, del club de los 5 Tours. Ambos cayeron derrotados por el puerto clave de La Marmotte y nuestra Pre Marmotte. 

1977, el último Tour de Eddy Merckx
Eddy, ya no era Merckx. No derrotaba a sus rivales por aplastamiento. Ninguno temía su mirada en la línea de salida. En 1975 ya había sido derrotado por Thevenet, en 1976 no pudo disputar el Tour por una lesión y en 1977, con 32 años ya, era un ciclista viejo para la época. Así se había presentado en el prólogo de Fleurance.

La potencia no la había perdido y el primer día acabó tercero en la contrarreloj. Era un aviso para sus rivales. Ese Tour también fue atípico. Sólo tocaba los Pirineos por la zona suave de Navarra y el País Vasco y no tuvo problema para mantenerse a pocos segundos del alemán Thurau. En la crono, pese a perder tiempo con el líder, se puso segundo en la general.

Allí se mantuvo durante la siguiente semana, en la que el Tour ascendió por el norte. Visitó Roubaix y volvió a bajar en busca de los Alpes a través de los Vosgos. A falta de una semana para París estaba segundo y con el colmillo afilado. Sus debilidades quedaron al descubierto en la cronoescalada de Avoriaz. Sólo pudo ser décimo, a 1:16 de un escalador puro como Van Impe. Al día siguiente camino de Chamonix y con Forclaz y Montets de camino Merckx se desfonda y entra a más de dos minutos de los favoritos.

El ‘Canibal’ parecía derrotado a más de tres minutos de Thevenet, Thurau y Van Impe. Pero estábamos ante la etapa decisiva. Madeleine, Glandon y Alpe d´Huez y con el historial de ‘resurrecciones’ y ataques de rabia de Merckx todo podía pasar. Sin embargo este tampoco iba a ser su día. Sin ritmo en Madeleine se descuelga en Glandon y las faldas de Alpe d´Huez está lejos de Van Impe, que anda escapado en busca del liderato y un triunfo glorioso, y de sus perseguidores, Thevenet, Zoetemelk y Kuiper. La nueva generación le había dejado atrás.

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Merckx sufrió en las 21 curvas. Se arrastró mientras una avería dejaba a Van Impe sin su día de gloria. Kuiper ya estaba en el podio celebrando la victoria de etapa cuando llegó el ‘Canibal’. Maillot desconocido del Fiat y derrotado por completo, a más de 13 minutos. Su sueño,el del sexto Tour, se había acabado. En la general estaba a más de cuarto de hora de Thevenet. Sólo pudo desquitarse al día siguiente en Saint Etienne, su último triunfo sin cruzar la línea de meta en cabeza, tercero por detrás de los luego descalificados Agostinho y Menéndez.

1984. Hinault, la víctima del Alpe d´Huez
Que Bernard Hinault era un ciclista de caracter y de armas tomar no lo vamos a descubrir ahora. Fuerte como un toro, era capaz de hipotecarlo casi todo por orgullo y Alpe d’Huez se cruzó en su camino en la primera derrota grande en el Tour.

En 1984 Hinault volvía al Tour después de su lesión de rodilla. Fignon le había arrebatado parte de la fama entre los franceses y El Tejón, fichado por el millonario Bernard Tapie para La Vie Claire, luchaba por recuperarla. En esa edición los Pirineos fueron de paso y Alpe d´Huez marcaba el inicio de cuatro días de montaña a través de los Alpes franceses y suizos. Para entonces Hinault ya había perdido casi tres minutos con Fignon, pero conservaba todas las opciones de llevarse su quinto Tour.

A Alpe d’Huez se llegó por Laffrey, donde Hinault ya había atacado. Al inicio del puerto iban solos Hinault, Fignon, Herrera y Arroyo, que resistía después de la ‘pájara de Pedro Delgado’. El bretón tenía que recortar tiempo y en la primera rampa lanzó un nuevo ataque. Fignon ni se inmutó. Herrera esperó un kilómetro y salto a por Hinault. Le paso sin problemas. Lo mismo hizo Fignon, que adelantó a su antiguo compañero de equipo casi sin despeinarse la coleta.

Hinault, descompuesto, veía cómo se la iban las opciones de triunfo por delante. Sufría. Sin fuerzas Alpe d´Huez le estaba castigando. Uno tras otro vio pasar a sus antiguos rivales, los mismos que años antes se rendían a sus ataques. Llegó Arroyo, Millar, Acevedo… no pudo seguir la rueda de ninguno. Tampoco la del americano Lemond. Llegó a la cima del Huez roto, herido en su orgullo y a más de tres minutos de Fignon, el Tour se había acabado para él.

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