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La Marmotte sin Marmotte sigue siendo Marmotte

Menudo trabalenguas que te has sacado para el titular. Pues sí, pero es que define muy bien el viaje. Solo necesita un poco de explicación. Del 27 de junio iba a ser la Marmotte Alpes, pero las autoridades francesas obligaron a la organización a cambiarlo todo a septiembre, pero como ya lo teníamos todo perfilado, pues fuimos a los Alpes a hacer el recorrido de La Marmotte, pero a nuestro aire.

Explicado, ¿no? Pues para el que piense que la Marmotte a tu aire se hace fácil y sin cansarte, pues está muy equivocado. Los 186 kilómetros y 5.000 metros de desnivel del recorrido Marmotte dejan fundido a cualquiera, aunque se hagan a ritmo de tortuga. Pero claro, si además te sale un día perfecto de sol y una grupetta con ganas de jugar a ciclistas en los finales de Croix de Fer, Telegraphe, Galibier y Alpe d’Huez, pues la cosa ya empieza a complicarse y se dispara el TSS (lo que mide el cansancio, vamos)

RECORRIDO MARMOTTE

De lo que si nos tomamos licencia fue de cambiar la fecha de La Marmotte. Estaba prevista para el domingo 27 de junio, pero la adelantamos al sábado. La razón… pues subir más puertos el domingo y alguno que otro el viernes. Así que el día antes, para calentar mientras llegaba el resto de la grupetta a Alpe d Huez, pues un poco de Col de Poutran (más arriba de Alpe d Huez), un tramo de Solude y el Pass de la Confession. Todo antes del primer briefing y la primera tormenta, que había previsión de lluvia para todos los días… pero no decía cuando.

El sábado 26 amaneció como uno de esos días perfectos para ir en bici. Arriba en Alpe d Huez hacía fresco, así que ropa de abrigo y mochilas a la furgo de Oliver, el jefe de CycleHuez, el que iba a ser nuestro vehículo de apoyo durante casi toda la semana. Buena media para empezar y en Bourg de Osians a quitarse ropa y a buscar los llanos hacia Allemond. Allí, como todos sabeis, arranca el largo y complicado Glandon-Croix de Fer. Sobre el papel, un puerto sin grandes desniveles, el realidad, una cima Tour que te puede dejar tocado si te pasas de vatios.

Lo mejor es que no teníamos prisa. Ritmo tranquilo para charlar y empezar a descubrir nuestros ‘roles’. El escalador puro, el velocista, el que tiene punch en los últimos metros… Grupetta variada y sobre todo con ganas de apretar y reir. Y con radio Ciclored encendida, claro. Vamos, que nos dio tiempo hasta a sprintar en la cima de la Croix de Fer y jugar a ciclistas. Primer avituallamiento con 20 grados a 2.000 metros. Así da gusto.

Eterno descenso de Croix de Fer hasta Saint Jean de Maurienne. Falso llano río arriba hasta Saint Michel de Maurienne, giro a la derecha… y el encadenado más duro del ciclismo, Telegraphe y Galibier. La cima a 32 kilómetros y también tiempo para apretarnos las tuercas en el final de Telegraphe. Avituallamiento, a reagrupar y ojo, que todavía quedan los 20 kilómetros de Galibier.

Uno de los placeres ciclistas es estar en forma y poder subir los kilómetros finales de Galibier disfrutando del paisaje, sin prisas y observando cada detalle que los días que quieres ir a fuego (no siempre puedes) se pierden por el camino. Nieve, montañas, el monumento a Pantani y la grandiosidad de Galibier. El regalo, de manga corta en la cima para volver a avituallar y afrontar los 50 kilómetros cuesta abajo hasta Bourg d’Osians.

Y Alpe d’Huez. Que pese a no haber forzado demasiado y haber parado a avituallar con tranquilidad se sigue haciendo duro. 4.000 metros en las piernas pesan cuando los dos primeros kilómetros son al 13%. Y se agradece cuando a partir de la curva de Carlos Sastre en La Garde afloja un poco el desnivel y empiezan las sombras. Pedaleo de cansancio, pero hay que pasar por delante del Hotel Le Castillan, nuestra sede y terminar en la meta oficial del Tour, un kilómetro después. Ya a 1.780 metros y con solo 14 grados. Hora de ducharse, cenar y disfrutar de las fotos de una Marmotte diferente. (Y recuperar, claro, porque quedaba tela por cortar)

POST MARMOTTE

Después de hacer La Marmotte Alpes quedan ganas de dar pedales, pues claro. Sobre todo si hace un día espectacular, ‘prometemos’ ir tranquilos y hay un recorrido ‘diferente’. Primero el Col de Solude, con sus túneles, sus vistas, sus bares chill out para tomar café y su sterrato final por un lugar de ensueño. Y después descenso del Col de Ornon y rumbo al Pass de la Confessión. Una coca-cola tuvo la culpa. De subir tranquilos y como amigos… a una batalla por la cara B de Alpe d Huez. Estábamos para disfrutar, no?

Al dia siguiente parte de la grupetta tenía que hacer las maletas. El resto nos dedicamos a darles envidia. Traslado a la cima de Glandón para hacer una etapa redonda. 100 kilómetros y casi 3.000 metros de desnivel. Col de la Madeleine, con las vistas del Mont Blanc en la cima, Lacets de Montvernier y Col du Glandon. Y librando por los pelos la lluvia.

Quedaba todavía visitar La Sarenne y Les Deux Alps, donde ganó Pantani aquel Tour del 98, y de tanto tentar a la suerte mojarnos un poco. Fue eso, solo un aviso, porque la subida a otra de las caras B de Alpe d’Huez fue fresca, pero sin agua.

Y para el último día, y antes de pillar el avión a las 17.00…. pues una carretera nueva. Auris y Col de la Maronne. ¿Y eso donde está? Pues también en Alpe d Huez… En septiembre volvemos, esta vez a la versión cronometrada.

 

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