Pre Marmotte 2016. Medio mundo unido por el ciclismo

Suena a chiste. Pero, ¿qué une a tres mexicanos, un sueco, dos chilenos, dos colombianos, una malagueña, un vasco y tres toledanos? Pues la pasión por el ciclismo, por los retos, por los Alpes y por disfrutar de un deporte que además permite ampliar la mente y conocer lo que nos rodea. Porque el cicloturismo no sólo es pedalear, sino todo lo que se crea alrededor. Y el grupo de la Pre Marmotte 2016 consiguió dar el salto del deporte a la amistad, al compañerismo, a la solidaridad… a la vida misma.

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Y es que el planning era completo. Una semana de ciclismo puro. De sábado a domingo. Dos cicloturistas, La Marmotte y La Vaujany y cuatro etapas por los Alpes con Galibier, Madeleine, Croix de Fer, Alpe d´Huez, Chaussy, Lacets de Montvenier… Un menú con platos para todos los gustos con el que empachar el cuerpo de ascensiones épicas y el regusto dulce de culminar y hacer cumbre en los puertos que han hecho historia en el Tour de Francia.

AlpesLA VAUJANY 2016… LA GRAN DESCONOCIDA. 

Para empezar. La cara B. Oz como destino. El Chateau y la cena de bienvenida para empezar a intercambiar opiniones, comentarios y La Vaujany como tema común. Puertos sin nombre alrededor de Alpe d´Huez. Una gran desconocida pero con dosis infinitas de belleza. Temprano y con el estómago lleno. Lago de Allemont, salida por la carretera de Bourg d Osians a Grenoble. 25 kilómetros planos para afrontar Alpe du Grand Serre. Sin grandes rampas, contenido, ideal para tomar contacto. Después Col de Ornon, el puerto que separa el valle de Alpe d´Huez con Gap. Terreno Tour. Comienza el calor rampas alegres pero el Garmin ya chiva que casi hemos pasado los 2.000 metros de desnivel y rozamos los 100 kilómetros.

Retorno a Allemont y rumbo a la cara B de Alpe d Huez. Primero Pas de la Confessión. Bello, desconocido y con una carretera de 3 kilómetros colgada de la montaña hasta Huez. Cuatro kilómetros finales hasta Alpe… y rumbo a La Sarenne. El puerto escondido que permite asaltar el descenso hacia Mizoen y el famoso tunnel de Chambon. Trocito de Lautaret y vuelta hacia Allemont para hacer de Froome, Contador y Porte en la subida a Vaujany, ya con galones de ciclismo profesional. Rampa al 12%, meta, pasta party… y primera medalla al cuello. No será la única.

Madeleine

 

Para el lunes toca recuperar las piernas. Así que un ‘solo’ puerto… pero de los épicos e históricos. Sol radiante para retar al Galiber por la cara de Lautaret y La Grave. Hay que salvar el Lac du Chambon por la cara derecha. Para entonces el cuerpo ya se ha adaptado a las rampas del rey. Asumibles, pedaleables, pero que ayudar a sumar dosis de ácido láctico. Los kilómetros se acumulan hasta la cima de Lautaret. Parada, fonda y todavía quedan por delante los 8 kilómetros del rey. Galibier y sus 2.600 metros. Nieve en la cima en julio. Pero al menos sol para visualizar valles, montañas y países, porque solo hay que levantar la vista para encontrar Italia.

Largo descenso de esos que cansan y retorno al calor del valle de Maurienne. Esa sería nuestra nueva casa para las próximas tres noches. Cena, amistad, charlas ciclistas hasta que el reloj pasa al día siguiente y el descanso se hace una cuestión obligatoria.

LA MADELEINE, CHAUSSY, LACETS, CROIX DE FER…

El reto del martes tenía más miga de la aparente. Con el solo como aliado nos saluda La Madeleine. Continua, desniveles constantes, siempre entre el 7 y el 10%. Un puerto de esos que con solo ver la carretera sabes que estas en el lugar donde se ha escrito la historia del Tour. Toca olvidar el cansancio para coronar y ver al fondo el macizo del Mont Blanc. Sin una sola nube el problema es decidir hacia qué vertiente hacemos la foto.

Descenso y rumbo a Chaussy. Desconocido hasta que el Tour decidió utilizarlo en 2015. Rural, carretera estrecha, rampas imponentes con dudas matemáticas. Calor de verano ciclista y descenso para subir una de las rodadas más bellas del mundo. Lacets de Montvenier. Un millón de curvas en solo un puñado de kilómetros. Serpiente enroscada de postal fotográfica.

Recuperación, piernas en alto, cena y a seguir disfrutando de la compañía de un grupo así. El sentido del humor de Harvey, las piernas súper de Reinaldo, el pundonor de Hans, el amor por el ciclismo de Miriam y Manuel, la capacidad de sufrimiento de Oliver, la simpatía de Xavier, las bromas de Marcelo, la particular filosofía ciclista de Rosa, el trabajo inconmensurable de Imanol, Manuel y Óscar… casi queremos que el reloj comience a ir marcha atrás para no finalizar nunca el viaje.

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Para el miércoles tocaba empezar a pensar en La Marmotte. Ascensión eterna por la Croix de Fer. Sol radiante e inicio del puerto a solo 100 metros de la puerta del Hotel. Comodidad ciclista para afrontar una de las ascensiones con más historia. Rampas duras combinadas con falsos llanos y descensos. La dureza continua arranca en Sant Sorlin de Arves. Allí la carretera se queda en un carril, el asfalto se rompe con mirarlo y el desnivel siempre está por encima del 8%. En la cima avituallamiento y hacia Glandon.  Dos puertos en tres kilómetros y descenso por la cara más complicada. Curvas reviradas que tres días después iban a ser la parte más indigesta del menú de La Marmotte. Así que mejor conocerlo antes para evitar riesgos.

Y el jueves rumbo a Alpe d´Huez. Traslado para evitar cansancio y tormentas, que ya amenazaban con hacer épica La Marmotte 2016. Hotel Les Grandes Rousses. Comodidad y olor al ciclismo, el que dejaron los del Trek en el pasado Tour de Francia. Justo a 200 metros de la meta. Ideal para descansar y soñar con el gran reto. También afrontar Alpe d´Huez con tiempo para fotografiar cada curva. Horas dentro de la montaña por la que sueñan el 99% de los ciclistas. El lugar que la tradición marca como clave para ganar La Grande Boucle. De amarillo después de Huez… de amarillo en París.

LA MARMOTTE 2016. LA BATALLA DE LOS ELEMENTOS

Despertador, persiana arriba, desayuno de reyes en Les Grandes Rousses… y descenso hacia Bourg d’Osians para comenzar la batalla. La previsión anuncia agua, frío y condiciones épicas. No fallará ni un ápice. Ciclistas contra los elementos. Los desniveles, los 5.200 metros acumulados, los nombres sonoros de Glandón, Telegraphe, Galibier y Alpe d´Huez sólo son parte de los enemigos. Al cansancio toca sumar los peligros de los descensos mojados, el doble trabajo del cuerpo intentando entrar en calor, los problemas para comer en las bajadas…

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Pero tocar remar para cumplir el objetivo. Hacer realidad el sueño. La tormenta se desata después del puesto de apoyo de Valloire, con Imanol como asistente de lujo, siempre con una sonrisa y la mochila a punto. Los kilómetros finales de Galibier, siempre por encima de 2.000 metros marcan agua, frío, viento… y hasta nieve en la cima. Hay que poner en práctica las enseñanzas de los días anteriores. Ropa de invierno, chubasquero, guantes. Cualquier cosa que abrigue es un amigo para descender Galibier camino de Alpe d´Huez. Y en el valle, todo vuelve a cambiar. Sol para afrontar las 21 curvas más famosas del mundo. La que nos separan de la cima, del lugar en el que el cansancio y el dolor de piernas se transforman en una sonrisa al atravesar la línea de meta. De la última cena antes de separar un grupo que empezó siendo ciclista y acabó siendo de amigos.

 

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