Tú a La Purito y yo a La Perico

¿Campagnolo o Shimano?, ¿Ruedas de perfil alto o bajo?, ¿Barritas y geles o tostadas y café?, ¿Cambio mecánico o electrónico?, si coinciden en fecha ¿La Purito o La Perico? La vida del cicloturista está llena de dicotomías, decisiones, dudas… En 2016 la más grande se planteaba al Team Ciclored el 14 de agosto. Es día coincidían La Purito en Andorra y la Pedro Delgado en Segovia. Había que elegir… e hicimos un Valverde. Sí. Giro, Tour y Vuelta. Vamos, que nos fuimos a las dos. Ante la duda. Cuanto más ciclismo, mejor.

Así que hubo que dividir fuerzas y equipo y duplicar las dosis de cariño a los viajeros de Ciclored. Por un lado Roberto y Jaime rumbo al territorio segoviano de Perico y por el otro el que escribe y María José con destino al PuritosLand andorrano.  En el punto de llegada amigos, retos y montañas… muuuchas montañas. Que al fin y al cabo es lo que nos gusta.

PURITOSLAND II, EL RETORNO 
Si el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, el cicloturista es capaz de hacerlo, tres, cuatro, cinco y hasta 5.200 veces, e incluso disfrutar de ello. Esos eran los metros de desnivel de La Purito Andorra 2016, es decir, los mismos que en la primera edición. Paso a paso. Metro a metro. Curva a curva. Rampa del 15% a rampa del 15%. Ya lo habíamos sufrido en 2015. Ya habíamos visto como un pelotón de ciclistas profesionales había llegado de uno en uno en La Vuelta 2015. Y aún así cuando nos llegó la propuesta de La Purito 2016 para repetir viaje… aceptamos. Lo peor de todo, que nos trajimos a un buen grupo de amigos a sufrir con nosotros. Lo mejor, que salieron tan satisfechos como nosotros… o incluso más.

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Album La Purito 2016 >

Y es que justo al pasar la frontera de Andorra uno se da cuenta de que ha entrado en el territorio Purito. Una carretera central cuesta arriba que se llama Envalira y un millón de puertos a izquierda y derecha. Así es muy sencillo explicar a José Miguel, Jose Manuel, Eduardo, Raúl, Jordi, Toni, Chema, José Ángel, Manuel el recorrido de La Purito Andorra. Salida para arriba. Un puerto, descenso, otro puerto, descenso, otro… y así hasta sumar 5.200 metros en 145 kiómetros. Pero nadie como el propio Purito, capaz de reunir a cientos de personas en el briefing, para definir su marcha. «En qué estaría pensando cuando me llamó Guillén…» y de llevar al humorista Javier Sancho para que le vacile en directo.

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A nadie escapa que La Purito tiene la misma filosofía que su creador. La dureza y la ‘competición‘ de La Gallina y Els Cortals mezclada con el buen rollo, la charleta los sandwichs de nutella y la butifarrada de la línea de meta. Sufrimiento con recompensa. La fórmula del éxito para el cicloturista. Por eso en la línea de salida de Sant Juliá estábamos 1000 ciclistas más que hace un año.

Antes, para abrir boca, habíamos rodado por lo menos empinado en Andorra. El sábado tocó pedalear por La Comella y Engolasters. Dos ascensiones que en cualquier otro lugar serían centro de reunión de las grupettas de domingo para dirimir sus quedadas y que en Andorra quedan empequeñecidas a terreno ‘casi llano’.

Y como había montaña para aburrir, pues al bueno de Purito no se le ocurrió otra que invitar a un loco de los puertos. Maillot de puntos rojos para el gran Claudio Chiapucci, aquel que nos encandiló por sus locuras pese a ser rival de Indurain. Un tipo tan genial que fue capaz de presentarse en la salida una semana después de que un coche se lo llevase por delante. Y hacerlo con una sonrisa y un selfie cada vez que algún cicloturista se lo pedía. Aunque estuvieran las rampas de La Gallina de por medio.

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Así que a las 08:00, Purito, Chiapucci y Beloki (menudo podio para cualquier Tour) daban rienda suelta a los esfuerzos, agonías e historias de más de 2.000 cicloturistas. De inicio. Acelerón camino de Beixalis para charlar (es un decir) con los jefes del pelotón. Diez kilómetros ‘llanos’ cuesta arriba para ir aunando esfuerzos y calentando las piernas. Giro a la izquierda y rampón de Beixalis. Adiós al plato grande. Hola piñón del 28. Porque aquí cualquier esfuerzo que se pueda ahorrar siempre viene bien.

Hay que buscar charleta para ‘pasar’ de la mejor manera las rampas del 17% que salpican toda la subida de Beixalis. Nadie mejor que Juan Carlos Arilla, de Ejea de los Caballeros y uno de los organizadores de Ciclismo es Vida, Cima, para abajo y a cambiar de grupetta. Esta vez con Joseba Beloki y Aitor Kintana para afrontar las rampas de Ordino, las únicas ciclabes y que permiten hasta hacer bromas con el resto de los compañeros. Arriba primer paso por la sección de recuperación alimenticia. La Purito no falla. Fruta, sandwichs variados, frutos secos, membrillo… dan ganas de quedarse allí todo el día y seguir de vacile con el bueno de Joan Horrach, que se ha venido desde Mallorca con un 39….

El largo descenso desde Ordino a Sant Julia via Andorra sirve para recuperar y dejar preparada mente y piernas para lo que queda. Rotonda a la izquierda, famosa desde que Purito vaciló en el briefing a Emili con su dibujo, y La Rabassa nos recibe con un simpático 13%.  Lo que esperamos que sea un espejismo de dureza se mantiene casi cuatro kilómetros más. Pese a que el aliento se escapa en cada palabra al pedalear junto a Chiapucci es obligatorio recordar sus historias con Indurain o preguntarle por su compatriota Aru, que ha heredado algunas de sus locuras.

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Pedaleo alegre hasta la cima de La Rabassa, otra ración de comida y a por la primera cronoescalada del día. Nombre de cobardes solo apto para valientes. En La Gallina  (alguno después de coronar le cambió el nombre por el de su hija…) podemos dar rienda suelta a las ganas de competición. 12 kilómetros de sufrimiento metidos en una hilera de ciclistas. Suficientes para agotar las energías (si todavía quedaba alguna) y sentirse dentro de carrera. En los cuatro kilómetros finales la bicicleta se para, el corazón se pone al límite y el ácido láctico corre a su gusto por las piernas. Momentos de cansancio que toca compartir con Juan Morello, uno de los tíos que más saben de ciclismo de este país.

Cima, recuperación, charleta con Juan Antonio y Ambrosio y visita ilustre. Purito se empeña en cambiarme la bicicleta en la cima. Rojo Katusha/Rojo Ciclored. Talla Triciclo. Valor sentimental incalculable. Tiempo para bromas, comida y recuperación. Filosofía La Purito. Descenso por mil tornantis (qué recuerdos de La Maratona) con Jose y Toni. Toca hacer labores de gregario hacia La Comella. El sol no se despega de la espalda pero Eolo se convierte en aliado. Huracán a favor que nos acompañará hasta la meta. Algo es algo, ¿no?

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La Comella deja las piernas ‘calientes’ para la transición hasta Encamp (sí, también cuesta arriba). Último avituallamiento, gel, barrita, bebida isotónica, agua, bidón lleno y a afrontar Els Cortals de Encamp. Fuerzas en las piernas y en la mente. Energía para batir el KOM de Landa en la Vuelta. Pero el inicio demoledor con un kilómetro al 12% que quita las ganas de hacerlo en cronoescalada. En los siguientes tres kilómetros al 10% entonas esa oración de «Virgencita, virgencita, que me quede como estoy» y entiendes que no es tan fácil eso de atacar en un puerto. Místico y todo afrontas dos más al 8% que aumentan la longitud del cuello buscando la línea de meta. En cartel de dos a meta era ese en el que en la altimetría ponía que bajaba el desnivel y tocaba cargar desarrollo para subir a tope. Pone un 7%, pero indudablemente has visto un 17 o 27% así que dejas cargado el 30 atrás, por si acaso.

Sólo el olor a butifarra te despierta la mente, pero no las piernas, que deciden que eso de meter plato y sprintar en la meta queda muy bonito en la tele… pero que después de 5.200 desnivel es mejor no tentar a la suerte, levantar los brazos con algo de dignidad y brindar por haber conseguido superar uno de los retos cicloturistas más duros de Europa. Y sobre todo, por saber que en 2017 volveremos a hacer lo mismo.

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LA PERICO, LA CANCIÓN DEL VERANO
Si hay algo que no cambia cada verano para un cicloturista es el ‘debate’ en casa sobre el fin de semana del 15 de agosto. Vacaciones y fiesta en el pueblo….  a sudar con Pedro Delgado por la sierra madrileña. La canción del verano que lleva 23 años sonando y que casi siempre acaba a las 08.00 debajo del acueducto de Segovia y en medio de un pelotón encabezado por Perico. En este 2016 la taraearon junto al Team Ciclored Guillermo, Juan Carlos, Víctor, Manuel,Diego…

Clasificaciones La Perico 2016 >
Fotos La Perico 2016 >

Y para empezar siempre toca soltar piernas. Así que el sábado, previo paso por el Hotel Real Las Sirenas había que rodar camino de La Granja. Adoquines, rampita de inicio y a probar la salida de La Perico 2016. Un rato para sudar antes de recoger el dorsal, saludar a los amigos de La Biciteca y su stand de literatura ciclista y dar el primer saludo a Pedro Delgado, que es aquel que va rodeado de 30 personas buscando un selfie con el tío más carismático del ciclismo español.

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Briefing para aclarar dudas y a soñar con Navacerrada, La Morcuera, Canencia, Navafría y a rezar para que el viento no sople de cara en los últimos e interminables kilómetros de retorno a Segovia. Madrugón leve (ventajas de tener el hotel a 200 metros de la línea de salida), recarga de energías en el desayuno y temprano debajo del Acueducto. Este año sin chaleco y con la sensación de que en Segovia también existe el verano en agosto.

Charleta de Perico, fotos, homenaje a Carlos Melero y ración de historia ciclista con González Linares y Txomin Perurena, dos de aquellos que en los años 70 resistieron con el ciclismo español junto a Luis Ocaña y que en alguna ocasión se atrevieron a retar a Eddy Merckx. Primeros kilómetros suaves hasta La Granja para que todos aguanten en el pelotón y al paso por el Palacio Real… sálvese quién pueda. Demarrajes, cambios de ritmo y a desafíar a las leyes de la velocidad. Sí, más rápido cuesta arriba que en el llano. Cosas de ciclistas.

Y como cada verano las Siete Revueltas de Navacerrada sacan litros de sudor y retrasan la digestión a más de uno. Ritmo de Vuelta a España (no en vano en la cima está durmiendo medio Caja Rural), pelotón estiradísimo y la mente echando cuentas de los kilómetros que quedan para coronar. Fuente, larga recta con el cartel al final… y a cada pedalada parece que se aleja más. La agonía no acaba en la cima. Toca seguir pedaleando para no perder grupetta en el falso llano camino de Cotos, aquel que los profesionales que están preparando La Vuelta utilizan para las series de calidad.

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Descenso rápido de Cotos, esta vez sin tiritones, y encuentro con los adoquines flamencos y las fiestas de Rascafría. Otro clásico del verano periquil. Un pueblo echado a la calle botellín en mano que anima a los ciclistas después de una noche en vela (y no precisamente esperando el paso del pelotón…). Giro a la derecha y a La Morcuera. Cara B. Ascenso por donde Dumoulin perdió la Vuelta 2015 en la bajada con Mikel Nieve a rueda y el tren del Astana a solo 200 metros. Inicio duro y final con descanso para las piernas… si no decides subir a plato y forzar en cada uno de los repechos. Eso sí, en la cima tiempo para avituallar porque tras el descenso de La Morcuera hacia Miraflores empalma con el ascenso a Canencia. Y allí otra de las canciones del verano, el paisano advirtiendo en la curva a voz en grito eso de «Quita plaaaato». Más razón que un santo. La bicicleta amenaza con calarse en la pared del 10%.

Salvado el escollo toca ligero descenso y a sufrir en los tres kilómetros finales para no perder el ritmo de la grupetta y poder afrontar el descenso y los kilómetros de transición hasta Navafría en compañía. Gasto mínimo, charleta máxima. En la cima. Filosofía cicloturista pura. Caída sin consecuencias. Chapa y pintura. Y el bueno de David Rubio que espera y ofrece su rueda, su trabajo y su sudor para volver a enganchar con el grupo. Valores ciclistas con mayúsculas.

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Giro en Lozoya y Navafría marca el devenir de la Perico 2016. Por sí solo un puerto asumible e incluso cómodo de subir. Con Navacerrada, Morcuera y Canencia en las piernas se convierte en una pared. Ritmo, ritmo y ritmo. A pensar en algo que nada tenga que ver con el dolor de piernas. 11 kilómetros después, en la cima, el trabajo no ha terminado. No quedan puertos sino repechos amigo Sancho. Eso que es. Pues la canción del verano de La Perico. Tenor Eolo. Ópera de Navafría a Palazuelos de Eresma. Orquesta, de viento y de cara. Toca hacer amigos para rodar hasta el pabellón Pedro Delgado y saltarse el sprint de meta. Segundo arriba/segundo abajo. ¿Qué más da?

Lo que importa es la foto en meta con los amigos, el masaje, la charleta con Roberto (que se ha encargado de traer todas las mochilas a meta), la cerveza y, este año sí, una suculenta comida en forma de fideua, jamón, fruta, café… Necesaria para recuperar las piernas para la segunda etapa de La Perico Ciclored, los tercios nocturnos por Segovia y al día siguiente Navacerrada, La Bola del Mundo y lo que pida el cuerpo. Da igual. Las vacaciones ciclistas pasan por dar pedales y crearnos nuestras propias sintonías.

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