Amstel Gold Race 2017. Del Cauberg al Aguanberg

La Amstel Gold Race 2017 nos deja una crónica llega de bergs, agua, pasión, dureza, capacidad de sufrimiento y amistad. En esta región de Holanda (plana y totalmente llana, si, si) si una palabra acaba en berg significa que es cuesta arriba y eso deja demasiado margen al gracejo del Team Ciclored. El jueves arrancamos con el Keutenberg y no acabamos de gastar bromas hasta el domingo después de ver la carrera profesional en el Cauberg… entre medias, unos días inolvidables de ciclismo puro.

Las fotos Amstel Gold Race 2017 >

Y es que para la Amstel Gold Race nos juntamos un grupo de auténticos pirados por el ciclismo. Tanto, que Carmen, la única no pedaleadora, tuvo que ‘sufrir’ nuestras bromas y charletas ciclistas en forma de bergs. Un humor que no decayó pese a sufrir una de las Amstel cicloturistas más duras de los últimos años, con lluvia constante, viento y temperaturas que nunca superaron los 12 grados. Espíritu luchador. Esencia ciclista para superar las adversidades con una sonrisa. Como las de Anto y Tania, que pasaron del calor granaíno a la peculiar primavera holandesa. O la transición de los tres hermanos Colchero, Antonio, Alex y Barto, que hicieron la previa en Amsterdan. Mayor contraste todavía para Gonzalo, que venía desde Gran Canaria. O para los extremeños Gerardo y Carmen. Más acostumbrados al agua la división vizcaína, que de una manera u otra habían pasado por el adoquín de Roubaix unos días antes. Zior, Rober, Pablo e Íñigo. Y la navarra, con Marc, que debutaba en las Clásicas del Norte.

AMSTEL GOLD RACE 2017. EL VÍDEO

JUEVES/VIERNES. CAUBERG Y ALEXBERG…

Esta vez la Amstel Gold Race coincidía con las vacaciones de Semana Santa, así que decidimos cambiar las costumbres de las clásicas y adelantamos un día la llegada a Valkenburg… el objetivo, más tiempo para rodar y disfrutar de las colinas holandesas. Todavía eran muros, pero en unos minutos se convertirían en los bergs que nos acompañaron todo el viaje. Porque después de aterrizar, llegar a Valkenburg y comer algo tocaba ajustarse las calas y pedalear, que esa era la cuestión.

Equipación de invierno, pero sol que calentaba lo justo para no pasar frío en la bajada de Cauberg y tener que abrirse la chaqueta en el rampón del 20% del Keutenberg. Un muro que asusta cuando lo ves desde la carretera. Esas cuestas que piensas… ¿ahí tengo que llegar? ¿pero qué desnivel tiene eso? Y que cuando lo subes una vez le coges el gustillo… y tienes que repetir otras dos veces más. Y justo después ese tramo llano que pica ligeramente para arriba… y que Freire nos advirtió en 2016 que era clave para decidir la Amstel Gold Race pro… y tenía razón, en 2017 volvió a ser clave.

Descenso y en busca del primer Cauberg, como manda la tradición holandesa de la Amstel. Emmaberg para seguir calentando las piernas (25 kilómetros y 330 metros de desnivel…) y al Hotel Lamerichs. Cena y descanso… que viernes tocaba seguir pedaleando porque llegaban refuerzos.

La grupeta del viernes creció con Iñigo y Pablo (que venían de comer adoquines de Roubaix por placer), Zior y Rober, que llevaban toda la semana pedaleando por Flandes y Valonia (con Muro de Huy incluido), Gonzalo (al que los horarios de los vuelos canarios le impidieron estar antes) y nuestros anfitriones holandeses, Alex y Edith. Así que después del desayuno a pedalear por los muros desconocidos de Holanda… y Bélgica.

Ir con Alex van der Kleij como jefe de ruta supone descubrir los lugares por los que no suele subir la Amstel Gold Race (sí, hay más muros) y apreciar una forma de ciclismo tranquilo, paciente y con tiempo para saborear cada pedalada. Todos en grupo y a rodar suave, que la Amstel Cicloturista no es una etapa precisamente sencilla. Empezamos en Holanda y en un pis pas en Bélgica. Muro en territorio flamenco que Alex me aconseja no pronunciar. Schopermerheide dice el Strava que se escribe… Retorno a Holanda para visitar el Gulperberg, una pared al 13% y un nuevo Cauberg. Al final otros 50 kilómetros y 650 metros de desnivel… eso sí, esta vez no perdonamos la visita a la Amstel Gold Race Xperience, el museo oficial de la carrera. Allí, como pueden esperar, manda la cerveza por encima de la bebida isotónica. Y pese a ser territorio Amstel… triunfa la Kwaremont. Dos rondas para recuperar los esfuerzos, no? Bierenberg, que lo llaman ellos.

Quedaba descansar, conocer los interiores medievales de Valkenburg, dar una nueva vuelta por la cervecería de la Amstel y hacer hambre para la cena a base de pasta y carne que nos preparó Annie Lamerichs. Todavía agua no había aparecido… pero durante el briefing antes de la Amstel no dejó de salir en cada conversación. Un adelanto…

SÁBADO. AMSTEL GOLD RACE CICLOTURISTA… AGUABERG

Si hay una cicloturista asequible a todos los públicos… esa es la Amstel Gold Race. Hasta seis recorridos distintos. De 60 a 240 kilómetros. A gusto del consumidor. Con horarios de salida libre y amplio margen de llegada. Por eso hasta el mismo desayuno del sábado cada uno pudo decidir qué reto iba a asumir. A las 06.30, cuando todavía estábamos sentándonos a desayunar, ya pasaban los primeros cicloturistas por la puerta de nuestro hotel (que era el primer muro del día)

Tranquilidad, risas y a mirar al cielo. Oscuro, negro… y las primeras gotas de agua justo en el momento de pisar fuera del hotel. Ya no había dudas. Chubasquero de salida, crema STM Sport 1 por todo el cuerpo y ropa impermeable. Tocaba mojarse incluso en los dos kilómetros hacia la línea de salida. Speaker holandés intentando pronunciar nuestros apellidos (venganza por obligarnos a decir Geulhemmerberg cada vez que hablamos del hotel…) y a pedalear. Con agua, eso sí.

Muro de paso por el Hotel lloviendo en el kilómetro seis. Mente fría. A seguir dándole. Giro a la derecha hacia Maastricht e inicio de la vuelta por la zona norte de Valkenburg. Unos 100 kilómetros con tantas curvas, recovecos y cambios de sentido que jamás estás a más de 30 kilómetros de la salida. Y agua. Mucha agua.  Lo bueno es que aquí los bers todavía son asumibles. Es más fácil subirlos que pronunciarlos. Recuerdo flamenco en los adoquines de Maasberg  y acelerón en Lange Raarberg para el primer avituallamiento. Un goffre… y a rodar. No es cuestión de para demasiado.

Es la clave para no pasar frío en un día de lluvia y viento. Pedalear siempre cerca del umbral. Así el cuerpo se calienta solo. En la Amstel no hay grandes subidas y tampoco grandes bajadas. Por lo que no da tiempo a quedarse frío. Fromberg y Koulenbergsweg nos devuelven a las cercanías de Valkenburg y al segundo avituallamiento. Geles y barritas de Isostar. Anto, Tania y Antonio Colchero hacia la meta del Cauberg y el resto en busca de nuestro propio punto de control. El paso por el Hotel en el kilómetro 100 nos sirve para cambiarnos de ropa de abajo a arriba. Completo. Uno de esos placeres ciclistas que muy pocas veces puedes disfrutar.

Eso sí… la alegría dura una decena de kilómetros. Vuelve a llover en la subida al Bemelerberg, en esta edición último muro de la carrera profesional. A nosotros todavía nos quedaba trabajo. 45 kilómetros por bosques con subidas y bajadas estrechas, sin nombre, sin cartel, pero que van minando las piernas y aumentando el cansancio. Se unen el frío y la lluvia, que durante unos minutos ‘amenaza’ con abandonarnos. Tanto que al siguiente avituallamiento llegamos sin chubasquero…. falsa alarma. Habrá que ponérselo después.

Loorberg, música a todo trapo, descenso, subida a la zona B del Gulperberg y decisión. A la derecha nubarrones de lluvia y 40 kilómetros de regalo (90 en total a meta) hacia Camerig, Drielanpunt y Alemania. A la izquierda ausencia de nubes y solo 50 a meta… Zior, Rober, Iñigo, Gerardo y Pablo optan por la versión larga de 240 km y la posibilidad de seguir mojándose y el resto por la de 200 kilómetros y la casi total seguridad de que no iba a llover más.

Y así fue. La versión de 240 regaló más agua, mientras que en la de 200 desaparecieron las nubes (pero sin salir el sol… y con el viento arreciando).

Quedaban los bergs con porcentajes imposibles. Aquellos que te rompen los músculos, si que no vas lo suficientemente cansado como para meter la reductora y subir solo a ritmo. Eyserbosweg con su pico del 17%. Huls, que es una calle en medio de una ciudad con el 10,7%. Fromberg regala tranquilidad antes del Keutenberg. De nuevo la pared como paso hacia el Olimpo. Un berg de 700 metros al 9% de media y con un pico del 17% que obliga a muchos cicloturistas a echar pie a tierra. Toca sufrir, pedalear, aguantar, coronar…  y en la cima descanso obligatorio para arreglar el pinchazo de uno de los hermanos Colchero. Al menos no llueve y no hace frío.

Pedaladas hacia el Cauberg. Ritmo alegre en busca de las cervezas. Todavía el 13% de la cuesta más famosa de Holanda se empeña en hacernos sufrir. Coronar supone encontrarse viento de cara en el kilómetro y medio que hay hasta la meta. Pero no faltan ganas de darle caña… y esprintar. Por qué no? Lanza Marc, sale Alex, remata Barto, llega Gonzalo… y al final la satisfacción de entrar en una línea de meta mítica.

Ahora sí es el turno de la foto en el podio y de las cervezas en las carpas de la Amstel Gold Race, repletas de ciclistas y de ambiente. Música atronadora cual discoteca ibicenca (y no es broma). Gente dando botes minutos después de aguantar un chaparrón durante 200 kilómetros o más. Filosofía distinta. Marcha diferente. Ciclismo de fiesta.

Para la noche nos queda la visita a la Montagna del Mundo y a los bares del Cauberg. Allí algunos siguen su relación con la cerveza vestidos de ciclista rozando la madrugada. Para nosotros horas de anécdotas acabadas en berg. Recuperación pensando en la carrera profesional del domingo.

DOMINGO. DE VALVERDE Y PURITO A IVÁN CORTINA

La gran ventaja de la Amstel Gold Race es su libertad, tanto cicloturista como para la carrera profesional. Y eso te permite estar en la salida de Maastricht y saludar a Valverde, después ver pasar la prueba de chicos y femenina hasta cinco veces, ir al Cauberg a ver el último paso, estar a 300 metros de meta cuando lanza Gilbert el sprint y acabar departiendo un rato con Iván Cortina. Y todo con tiempo para beber unas cervezas o hacer la típica porra Ciclored de las Clásicas. Sí. Holanda es diferente.

Así que desayuno y a las furgos camino de Maastricht. Trayecto de 10 kilómetros para ver una de las ciudades desconocidas para el turista, pero que alegra la vista con sus largos puentes sobre el rio Mosa y sus torres en la distancia. En la plaza del ayuntamiento ya están todos los autobuses de los equipos profesionales colocados. Feria pura del ciclismo. Momento freak para buscar a nuestro ídolo, mirar con envidia y resignación económica las bicis de los equipos y disfrutar del ambiente de una ciudad volcada con su carrera. Eso sí, casi sin vallas que permitan fotografiarse con los ciclistas.

Valverde siempre regala una sonrisa y unos minutos para la fotografía. Igual, que Lobato, que debuta en el Lotto Jumbo y ‘corre en casa’, o Erviti, que todavía recuerda aquella entrevista sobre Flandes y Roubaix. Jesús Hernández, Izaguirre, Henao y Vicioso también tienen tiempo para nosotros. Y Gasparotto, al que nadie recuerda pese a ser el ganador de 2016. Más se sorprende Beppu cuando alguno le pide una fotografía. Da igual. Es una fiesta y los ciclistas se saben adaptar al ambiente de pasión que se respira allí.

Incluso hay tiempo para charlar un rato con Purito, que esta vez irá subido al coche del Bahrein Mérida para aconsejar a los corredores sobre una carrera que disputó mil veces.  Salida… y ahora turno para las chicas, con saludo y foto junto a Sheyla Gutiérrez, que ya es una clasicómana con victorias en el zurrón.


Rumbo al hotel (con parada técnica para comprar cervezas…) y a disfrutar de la carrera en directo. Hasta seis pasos nos esperan por delante de la habitación. Comodidad, banderas, ambiente comida, bebida y ciclismo. Hace falta algo más. Pues charlar con Zior y Rober sobre cómo afrontan la carrera la chicas o disfrutar con los conocimientos de Antonio Colchero, capaz de aprenderse el recorrido como si hubiese nacido en Valekenburg (y los profesionales subían hasta 35 muros, muchos de ellos repetidos…).

Primer paso de la carrera masculina. Escapada consentida y el pelotón tranquilo con el BMC en labores de caza. Y parece que el agua, amenaza, pero no lloverá. Después turno para la carrera femenina. Hasta tres veces.  En el inicio con una escapada y un pelotón de 50 ciclistas en persecución. La segunda vez con todo desperdigado y media nómina fuera de control y en el último paso casi de una en una y acusando el cansancio.   Gana Van der Breggen, con la tele holandesa en riguroso directo y ceremonia de podio con azafatos para repartir los premios.


Y en 50 minutos ya tenemos la carrera profesional masculina otra vez en el hotel. Esta vez con ritmo de estar pasando cosas importantes. Sólo quedan 50 kilómetros a la meta. Escapada y después un pelotón bien nutrido trabajando a fuego para echar abajo la escapada. Y de ahí rumbo al Cauberg, el siguiente paso. La pantalla gigante nos canta el ataque de Kwiatkowski en el Keutenberg para coger a la escapada  Gilbert, Henao, Rojas e Izaguirre. Atrapa en el falso llano post Keutenberg, el terreno que Freire nos chivó que era decisivo. Valverde y Van Avarmaet no llegan. En el Cauberg pasan a unos 40 segundos de la escapada.

Todavía tenemos tiempo de caminar un kilómetro para ver la recta final y el sprint en directo. Zona libre a 300 metros de la línea de meta por la que todavía Kwiatkowski va unos metros por delante de Gilbert. Viento de cara. Ya sabemos lo que es eso del día anterior. Justo delante de nosotros el valón lanza el sprint que acabará llevándole a su cuarta Amstel. Ceremonia de podio en directo y a pasear por los autobuses de equipo para ver el ‘daño’ que ha hecho la Amstel.

Y entre ellos el futuro. Iván Cortina nos dedica 10 minutos de conversación sobre Flandes y Roubaix, por las que ya ha pasado en este 2017 y sus sensaciones en esta Amstel. Consejos para los adoquines y charleta con un ciclista de solo 21 años y que tiene el futuro de ciclismo español de las Clásicas en sus piernas. Da la sensación de que no será la última vez que le veamos en nuestros viajes Ciclored al norte...

Para nosotros la Amstel Gold Race 2017 empieza a figurar en el recuerdo y en las charlas. Aún resta una última cena en el Hotel Lamerichs con tiempo para la tertulia hasta casi la media noche. Solo los horarios europeos nos obligan a ir a dormir. Y es que cuesta despedirse de un grupo que ha hecho de la Amstel una fiesta del humor y del ciclismo.

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