La Amstel Gold Race siempre engancha

La Amstel Gold Race tiene algo que la hace diferente a las otras clásicas. No es ni la más dura (Lieja), ni la que tiene más leyenda (Flandes) ni la más épica (Roubaix). Pero cuenta con algo muy importante, ciclistas dispuestos a crear un ambiente magnífico y una organización capaz de aglutinar una cicloturista con 16.000 aficionados, dos carreras profesionales (masculina y femenina) y que todo discurra en no más de 40 kilómetros a la redonda de Valkenburg, con ambiente festivo, sin grandes atascos y con la posibilidad de pedalear y salir de fiesta a partes iguales. Por eso la Amstel Gold Race acaba enganchando a todos.

– GIRO DE ITALIA EN ROMA (25-28 DE MAYO) >

Y es que nuestra grupetta para la Amstel 2018 se ajustaba a la perfección a lo que ofrece a la organización. Los había con ganas de cansarse dando pedales y subiendo cotas por los 240 kilómetros del recorrido largo y  los que preferían hacer menos kilómetros y disfrutar del ambiente, que de eso, en Valkenburg, no falta absolutamente nada. La ciudad se llena por completo y cada día es una fiesta, del ciclismo y la cerveza, porque la Amstel Gold Race es eso. Ciclismo y cerveza. Dos palabras que se unen continuamente cuando hablamos de las Clásicas del Norte, pero que aquí son prácticamente sinónimos.

Para la ‘fiesta’ ciclista Amstel nos apuntamos 20 ciclistas. La grupeta catalana con Jordi, Josep, Xavi y Alberto, la valenciana con Victor, José, los dos Fernando, Benja, Jesús, Fede, Héctor y Roque, la madrileña Óscar, Juli y el que escribe y la murciano-madrileña con Víctor, Alejandro y Francisco. Además de la baja a última hora de Ismael.

CAUBERG. AMSTEL GOLD RACE

PRE AMSTEL… CAUBERG Y KEUTENBERG

Ya lo habeis visto en el vídeo de arriba. Ese es el espíritu Amstel Gold Race. El Cauberg, una cuesta de poco menos de un kilómetros y una rampa media del 8%, música a tope y muchas ganas de pasarlo bien. Si a todo ello unes que durante el fin de semana se preveían 20 grados… pues es sencillo que nada más bajarse de la furgoneta nos entraran ganas de salir en bici. Y más si por la puerta de tu hotel pasan entrenando Kreuziger, Nibali, Uran, Kwiatkwoski, Verona, Matthews… medio pelotón dándonos envidia. Así que. Sol, muros y a probar las bicis de Bike Division. Esos eran los deberes del viernes. Y daba igual que el avión llegara con retraso y el tiempo quedase justo. La Amstel es para disfrutar.

Dos grupos para rodar. A primera hora el que escribe con Alberto, Xavi, Jordi, Víctor, Francisco y Alejandro. Bemeleberg, que era el último muro en esta edición de 2018, para entrar en calor, Keutenberg para conocer la rampa más dura de toda la Amstel (picos del 22%) y Cauberg, la meta mítica de hace años y la que había sido la clave de la carrera durante una década. Solos… ni mucho menos. Con 16.000 inscritos los carriles bici a tope. La bicicleta por delante del coche.

Y en la cima todos juntos. Héctor con la grupeta valenciana que no se había a quedar con las ganas de rodar por Keutenberg y Cauberg… y visita al Museo de la Amstel Gold Race. No es como el del Tour de Flandes, pero tiene a historia de la carrera condensada en fotos y datos. Coches antiguos, maillots míticos y sobre todo ambiente festivo. Y cerveza claro, aunque había que contenerse para lo que esperaba el sábado.

Un rato para estirar las piernas, ducha y cena en el Hotel Lamerichs, nuestra base de operaciones para este 2018, la últimas que en en los últimos años. Pasta, carne, ensalada, postre… energía para los muros holandeses.

SALIDA AMSTEL GOLD RACE

SÁBADO. AMSTEL GOLD RACE CICLOTURISTA

La Amstel también tiene libertad de horarios. Así que mientras que estábamos desayunando pasaban por la ventana los primeros cicloturistas. Eran poco menos de las siete de la mañana… demasiado madrugón. No? Buffet libre, tranquilidad y rumbo al Museo de Valkenburg, que es el lugar de salida de la marcha. 16 grados, sin previsión de lluvia y de corto abajo. Parecía que en este 2018 nos sonreía la climatología después de dos ediciones pasadas por agua (mucha agua). Y como siempre, primer trago en la salida, que tiene avituallamiento. Había kilómetros y muros por delante para gastar energías

La versión de 230 kilómetros en Strava >

Los cien primeros kilómetros (que raro suena eso, pero es así) de la versión larga sirven para entrar en calor. Recorrido por el norte de Valkenburg  con pocos muros (solo cuatro)  y tramos de llaneo. Eso sí, adoquines de Meersen y paso por el Fromberg. Uno de esos muros que no tienen dureza, pero dejan unas fotos espectaculares de la campiña holandesa. Y sobre todo tiempo para rodar con el más pequeño de la grupeta familia hispano/holandesa de los Carrasco and Alex.


Segundo avituallamiento, paso por el hotel para vestirse de verano (la ventaja de tenerlo en el kilómetro 100 del recorrido), sprint para rodar unos metros con el Vini Fantini de Cunego y Lobato y rumbo al Bemeleberg. De corto y casi con calor nos cruzamos con Kwiatkowski y el Dimension Data. Hoy no hay nadie que haya dejado la bici en casa. Giro a la derecha y 40 kilómetros sin muros con nombre…. pero desnivel. Transición para ir agotando las piernas antes de bajar el Gulpeneberg y girar hacia Alemania.

En 20 kilómetros tres puertos que realmente son uno, Camerig y Drielandenpunt, es decir, el lugar donde se unen la frontera de Bélgica, Holanda y Alemania y que además es el punto más alto de los Países Bajos.  Historia y cicloturismo. Lugar para pararse, aunque solo sea un instante.

Desde allí y ya con 180 kilómetros en las piernas empieza lo realmente duro de la Amstel. Primero los tres muros imposibles y seguidos de Kruisberg (no confundir con el de Flandes), Eyserbosweg y Huls. Desniveles hasta del 22% para medir como aguantan los músculos el fondo. Tramo de falso llano para seguir calentando el cuerpo antes de Fromberg y nada más descender, el Muro con mayúsculas. Keutenberg llega con dos centenares de kilómetros y las alegrías del día anterior se convierten en cálculos para subirlo.

Mirada al potenciómetro (que para eso estreno) y a ver a cuantos vatios se puede subir después de la paliza. 250, 300 y sprint (si es que se puede llamar así a ir a 15 por hora) a casi 400. No está nada mal. Las rampas por encima del 20% lo pedían.

Lo buenos es que desde allí casi empieza la fiesta. Los falsos llanos post Keutenberg que tanto hacían sufrir a Freire, el descenso hacia Cauberg (donde ya están todos los bares llenos de ciclistas bebiendo…. Cerveza), giro a la izquierda y Cauberg. La última cota. Regulando vatios porque desde aquí se hace libre. Jugar a ciclistas se llama. Medir fuerzas porque después queda un kilómetro y medio hasta meta y tenemos decidido sprintar. La carretera está cortada. Tenemos nuestro carril libre. Se puede. Casi, se debe. Escaladores contra rodadores. Y entre medias los fondistas, sin punta de velocidad, pero con ganas de apretar.

El resultado… da igual. El caso era jugar. Eso es la Amstel. Porque nada más cruzar la línea de meta empieza la fiesta. Primero allí, justo en el mismo sitio donde al día siguiente los profesionales se jugarán la victoria.

DOMINGO. AMSTEL GOLD RACE PROFESIONAL 

El domingo la Amstel se viste de gala para recibir a los profesionales. Chicos y chicas. Si algo está avanzando el ciclismo es en criterios de igualdad. En este 2018 se dio un paso más. Esta vez la presentación de las dos carreras en la plaza de Maastricht se hizo de forma conjunta. Equipo de chicos y equipo de chicas alternándose. Y en el caso de que tuvieran las dos versiones, pues juntos en el podio. Movistar, Scott, Sunweb, Lotto Soudal…. fueron algunos de los que dejaron una imagen que se debe repetir año tras años.

Para nosotros pequeño madrugón, pero la ocasión requería la pena. Desayuno, 10 minutos en coche y en la plaza de Maastricht, una de esas ciudades que no suelen aparecen en las guías de turismo y que son interesantes de visitar, sobre todo si hay 20 grados de temperatura.  Y nada más llegar, pues a hablar con los profesionales. Salida sin vallas y con autobuses disponibles. Las gafas de Valverde, la entrevista a Erviti, las fotos con Sheyla o las Movistar… ciclismo para friquis, que miramos cada detalle de los profesionales.

Y de allí al Hotel. Porque no hay mejor lugar para ver la Amstel que por donde pasan hasta en seis ocasiones, tres las carrera masculina y otras tantas la femenina. Comida, bebida, televisión en directo y un lugar para tumbarte entre paso y paso. Ideal. Palco Ciclored.  Que cómo se ve la carrera… Aquí teneis el vídeo.

Y para terminar… pues hacia la meta para ver cómo se decide la carrera. Resolución de ciclismo. Que en parte es eso. Táctica y estrategia. Lo bonito de este deporte es que no siempre gana el más fuerte, sino que las circunstancias de carrera también premian a los valientes. Valgren, Kreuziger y Gasparotto. Sin Valverde entre los primeros. Da igual. Es ciclismo y ver caras como las de Lawson Craddock en meta dejan claro que para estar delante hay que sufrir. Siempre.

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