Pogacar ya ha anunciado su calendario de carreras de 2026. La intención, por si había alguna duda, es la de hacer historia y convertirse en el más grande de este deporte junto a Eddy Merckx. El esloveno sabe que a nivel cuantitativo es casi imposible llegar a las 525 victorias del belga, por eso está centrado en la búsqueda de triunfos de calidad y sobre todo, de poner su rúbrica en las carreras que son historia del ciclismo. También en el cómo. Porque no solo vence. Si puede dar espectáculo, como los dos últimos Mundiales. También lo hace. Es el Gran Coleccionista del Siglo XXI, y su vitrina, aunque ya deslumbrante, aún tiene huecos por llenar. Le falta Roubaix y en 2026 podemos ver su triunfo en directo a pie de adoquín…
La lista del coleccionista: lo conquistado y lo pendiente
Ya sabemos que Pogačar no es un corredor cualquiera. Con apenas 27 años, su palmarés aturde: Cuatro Tours de Francia, dos Giro de Italia, dos Mundiales, tres Lieja-Bastoña-Lieja, Cinco Giros de Lombardía, dos Tour de Flandes, tres Strade Bianche, una Amstel Gold Race (2023). Ha ganado en la arena de Strade Bianche y ha sometido a los muros de Flandes. Y en vueltas de una semana ya se ha apuntado Paris Niza, Tirreno Adriático. Dauphiné y Volta a Cataluña.
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Monumentos por cazar: Solo dos escapaban a su dominio hasta ahora:
Milán-San Remo, la clásica de la primavera y la táctica pura. Desde 2022 ha sido el más fuerte en el Poggio y La Cipressa, pero nunca ha conseguido descolgar a Van der Poel, lo que significa sucumbir al holandés en el sprint. Acumula un 5, 4 y dos terceros puestos en las dos últimas ediciones. Será el objetivo de principio de temporada. Su segunda carrera después de Strade Bianche.
París-Roubaix, el “Infierno del Norte”, la prueba más brutal y mitológica sobre adoquines y seguramente la única prueba del calendario en la que es netamente inferior a un rival, Van der Poel. Porque en Roubaix no solo hace falta la fuerza que tiene Pogacar al rodar, ni los vatios que es capaz de mover. También una facilidad técnica sobre los adoquines que te hacen tumbarte en las curvas adoquinadas, elegir el lado bueno, no tocar nunca el freno y ahorrar vatios casi en cada pedalada. Eso lo ha conseguido Mathieu a base de cientos de horas de ciclocross y a Tadej le queda mejorar para llegar a los últimos tramos de adoquines fresco. Aún así, en Roubaix influye muchos los condicionantes externos. Un pinchazo inoportuno de VDP habría dada a Pogacar la Roubaix de 2025…Con estas dos victorias se subiría al podio de los ciclistas que han ganado los cinco monumentos, Roger de Vlaeminck, Rik Van Looy y Eddy Merckx.
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Grandes Vueltas: Falta la Vuelta a España para completar el triplete. En 2019 ya fue tercero y desde entonces no ha vuelto. Parece que este 2026 será la ocasión en una carrera que parte de la puerta de su casa en Mónaco. Aunque todo dependerá de cómo acabe el Tour de Francia y de las ganas que tenga de revalidad su titulo de campeón del Mundo.
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Vueltas por etapas de prestigio: Quedan por ganar la Vuelta a Suiza, y el Tour de Romandía, a los que acude en 2026. Si vence solo le quedaría la Vuelta al País Vasco, que compite en el calendario con París-Roubaix. El propio Pogačar ha insinuado una estrategia de coleccionista: primero conquistar Roubaix, y luego, en otra temporada, cambiar el foco hacia las carreteras vascas.
De espectador a protagonista: Ciclored en los escenarios de Pogačar
Aquí es donde la historia del coleccionista profesional se encuentra con la pasión del aficionado. En Ciclored, no nos limitamos a admirar las hazañas de Pogačar desde la distancia; vamos a vivir, en nuestras propias piernas y a nuestro ritmo, la esencia de esos escenarios que él conquista.
Cuando Pogačar ataca en el Oude Kwaremont para destrozar el Tour de Flandes, nosotros sabemos exactamente qué siente. Hemos sufrido el dia anterior, aunque bastante más despacio, sus 2,2 kilómetros interminables de adoquines en ascenso, donde la pendiente no es lo peor, sino el martilleo constante de la piedra. Hemos sentido la emoción de girar hacia el Kapelmuur, ese “altar del ciclismo” donde el pavé se rompe y miras hacia arriba sabiendo que la capilla es la cima o en los 20% imposibles del Koppenberg con adoquín rotísimo, donde subir ya es un gran mérito.
Y cuando hablamos de su gran objetivo, París-Roubaix, comprendemos la magnitud de su desafío. Nosotros no enfrentamos el Carrefour de l’Arbre a 45 km/h, pero a 25 por hora el tramo de adoquín más roto del ciclismo se siente en toda su esencia. Hemos sentido cómo la bicicleta vibra y hemos aprendido el profundo respeto que exigen esos caminos. Nuestro viaje a Roubaix no es solo un reto físico; es un acto de conexión con la historia más pura del ciclismo.
En Milan Sanremo hemos subido en junio el Poggio y La Cipressa después de casi 300 kilómetros y pese a que no son los muros más complicados del mundo parece imposible que puedes poner plato y cambiar el ritmo como hace el esloveno para intentar soltar a Van der Poel. En la Lieja Bastogne Lieja sabemos lo que es La Redoute, con sus rampas del 18%, después de 200 kilómetros y más de 3.500 metros de desnivel acumulado en las piernas. La fuerza que debe tener para sacar con un ataque más de 30 segundos en poco más de un kilómetro y medio. Y en octubre hemos visto año tras año como la Madonna del Ghisallo era un simple juego para Pogacar en el Giro de Lombardia.
Pero nuestra colección de experiencias va más allá de los Monumentos. Igual que Pogačar, nos hemos enamorado de las Strade bianche de la Toscana, de ese paisaje surrealista y polvoriento que convierte los caminos blancos en una carrera épica y divertida a la que siempre quieres volver. Y hemos subido la Cauberg en la Amstel Gold Race, sintiendo el eco de los ataques que decidieron la victoria del esloveno en 2023.

Conclusión: Dos formas de vivir una misma pasión
La búsqueda de Tadej Pogačar y la filosofía de Ciclored son dos caras de una misma moneda: la veneración por los monumentos, las clásicas y las grandes vueltas que constituyen la catedral del ciclismo.
Él los colecciona en forma de trofeos y maillot de líder, tejidos con un talento sobrehumano. Nosotros los coleccionamos en forma de sensaciones, fotografías y recuerdos imborrables, tejidos con esfuerzo y camaradería. Su objetivo es completar un palmarés único. El nuestro es vivir la esencia de esos lugares, entender por qué son míticos y regresar a casa con la certeza de haber compartido, en cierta medida, el mismo escenario que los héroes… y ahora también con nuestro propio maillot de los cinco monumentos.
Mientras Pogačar sigue marcando calendarios para tachar pendientes, nosotros seguiremos trazando rutas para pedalear por la historia. Porque, al final, tanto el profesional que busca la gloria eterna como el cicloturista que busca la experiencia auténtica, ambos persiguen la misma cosa: ser parte, aunque sea por un día, de la leyenda. Y en ese viaje, todos somos, en cierta forma, coleccionistas.
